“Todo lo que el hombre puede ganar al juego de la peste y de la vida es el conocimiento y el recuerdo”, se lee en La peste, de Camus. Pocos obtienen una lección más allá del sentimiento de incertidumbre. Mientras advierten de una nueva cepa en Londres y de lo incierto de esta salvaje historia, Camus regresa: “Cuando estalla una guerra, las gentes se dicen: ‘Esto no puede durar, es demasiado estúpido’. Y sin duda una guerra es evidentemente demasiado estúpida, pero eso no impide que dure”.

Y dura pese a nuestros proyectos. Cuando planeaba producir desde meses atrás una serie de reportajes para mí mismo sobre el éxito, de boca de gente exitosa, la tempestad anunció que seguirá. Sin la menor idea de los recursos para vivir, todos permanecen aún en esa zozobra de barco a la deriva en un mar agitado que nadie previó. Sí, es demasiado estúpido todo, como lo es el 2020, que como en la novela de Camus me situó en enero frente al cuerpo muerto de un roedor. “No podía durar” porque era una guerra estúpida que, como en las derrotas ficticias, solo cuenta los muertos en el papel. No vemos ciudades derrumbadas por las bombas, ni escombros ni humo; nadie se la cree…pero es, y el saldo de muertes supera a la guerra con Chile y a los años de Sendero. Esta es una bestia que esconde sus garras y que está allí pese a los negacionistas o a los que, despreocupadamente, procuran no hacerle caso.

La peste es estúpida porque le buscamos lecciones y solo encontramos sensaciones, pues sabemos ya desde antes lo que es más de una peste en la historia: la de Atenas, la de Europa medieval… Es estúpida porque tampoco es una lección de libertad, solo de desencanto frente a lo necio que ser libres puede llegar a ser.

Quizás a estas alturas tenga más que decir sobre la incertidumbre del hambre como lección que nos sobrepone al miedo, porque no comer es también morir y ya no sabemos qué es preferible. Negocios rotos, trabajos escasos y hambre detrás del altavoz y los bocinazos de una vida que parece normal pese al surrealismo de lo que vemos en ella.

Y mientras tanto, asoman los años felices que se dejamos pasar al vuelo… “Conoce el infierno y conocerás el cielo; que por allí anduviste, solo que entonces no lo sabías”.