El encargado del despacho presidencial, Francisco Sagasti, se ha transformado en una plaga de dimensiones bíblicas para nuestra agricultura y la agroexportación, que tanto empleo y riqueza ha empezado a generar. Una sequía interminable y nubarrones de langostas masticando los cultivos harían menos daño. El hombre es groseramente indiferente a la violencia que enfrentan los chacareros y agroexportadores en Ica y en el norte. No sabe, no opina sobre la derogatoria de la exitosa Ley de Promoción Agraria, tanto que vacado Vizcarra por el que marchó, la extendió para que tuviera vigencia por muchos más años. Esa ley permitió que los paltos, las vides, las matas de tomate y otros productos cubrieran la aridez de los desiertos.

Sagasti destruirá el agro y luego irá por lo demás, pero lo primero en el plan de todo comunista es generar desempleo, escasez, hambre y enfrentamiento entre dueños/inversionistas y empleados con una remuneración segura (“lucha de clases” que le llaman). El señor de los pañuelos seguirá fomentando el desorden y el caos tan necesarios para el plan que esconde este marxista radical, plan que no parece ser conducir al país a las elecciones de abril; enfocarse en preparar al Perú para soportar la segunda ola de la covid; generar empleo ni impulsar la economía peruana, ya en recesión, y degradada por Fitch ratings de estable a negativa.

Estábamos dominando este partido contra Chile. En 2018 nuestras agroexportaciones crecieron 12.4%, mientras que las del vecino apenas 5.8%. Esa era la tendencia, íbamos a ganar porque a Chile le falta espacio para cultivar, no cuenta con tantas manos para sembrar y brazos para cosechar y audacia para experimentar con los nuevos productos y “superfoods” que el mercado internacional demanda. En 2019, el ministro de Agricultura Antonio Walker declaró a la web de “El Mercurio” de Chile, “Perú está creciendo muy fuerte en uva de mesa, en arándanos, en cítricos y en paltas, se nos han acercado mucho y es preocupante, es un competidor muy importante”.

Si algo de inteligencia le queda a la élite empresarial que avaló el vergonzoso pedido de Confiep para que renuncie el sucesor constitucional del pillo Vizcarra, el acciopopulista Merino de Lama, deberían hablarle a Sagasti en el idioma del laberinto, quema de llantas, bloqueo de vías y cánticos de amenaza. Vayan a la Plaza Mayor, enciendan una fogata con trapos, griten que no seguirán alimentando al Estado opresor y clamen por una ley para que ningún peruano sea saqueado bajo el cuento de pagar impuestos. Quizá entonces este gobierno se comprometa a trabajar por el Perú y no en beneficio de un grupúsculo de desadaptados que se arrogan la representación de todos los trabajadores del campo. ¿O los empresarios no tienen derecho a manifestarse?