Comentar sobre la Policía Nacional, bien o mal, es común, ya que su función prioritaria es dar seguridad a la propiedad estatal, como a la privada, y a 32 millones de peruanos. Esto no es fácil y pueden presentarse errores, pero desprestigiarla es negativo.

El número de sus efectivos llega a alrededor de 120 mil, que en proporción a nuestros habitantes es superior a los de Chile, Colombia y USA, pero sus responsabilidades son más amplias: controlar el tránsito de las ciudades, carreteras, nuestras fronteras, las investigaciones de robos, violencia, etc.; proveer seguridad a los embajadores, altos funcionarios públicos y congresistas, acompañar las marchas, control de desmanes, espectáculos artísticos y deportivos, aeropuertos, luchar contra la droga, colaborar en los controles del Covid, entre muchas más.

Tienen que mejorarse sus instalaciones operativas, contar con un Servicio Integral de Salud de Calidad, tercerizando los servicios de Medicinas y Laboratorio. En este complicado panorama, sería conveniente priorizar sus responsabilidades y que éstas se centren en lo más importante. Contratar temporalmente asesoría en seguridad y no cambiar continuamente a los ministros del Interior, lo que genera desconcierto (en 18 años, hemos tenido 28).

Es necesario, además, tener un adecuado número de patrulleros (uno por cada 50 manzanas). Lima necesita 2000 patrulleros, con servicio de mantenimiento especializado y tercerizado, invertir en drones, helicópteros, obviamente en un sistema informático y de comunicaciones de última generación, mantener al día el mapeo delictivo e implementar comisarías eficientes y que la mayor parte de su tiempo sea dedicado a dar seguridad.

A raíz de las últimas protestas, lamentablemente murieron dos jóvenes, situación que debe ser investigada y castigar a los culpables. Esperemos que estos enfrentamientos no se repitan, evitando estas graves consecuencias.

Con respecto a las marchas, fueron organizadas y realizadas pacíficamente, criticando las últimas decisiones del Congreso, pero es innegable que finalizando éstas, varios grupos de infiltrados se enfrentaron a la Policía, produciendo daños a la propiedad, a la ciudad, y resultando heridos policías y activistas.

A lo largo de nuestra Historia, siempre se han presentado innumerables muertes de policías en su accionar, al defender la estabilidad del país y seguridad de su población (terrorismo, Bagua, Cocachacra, Covid, etc.), pero en pocas ocasiones las autoridades del Gobierno, la población en general, gran parte de la prensa y periodistas se han preocupado por la salud de policías heridos o lamentado sus muertes.

En estos últimos días, se observó la inusual rapidez de un conocido Canal de TV para comunicarse con las autoridades de los Derechos Humanos e informar acciones de nuestra Policía, sin estar corroboradas, esto nunca antes se ha realizado por las innumerables bajas de policías en acción, demostrando distorsión y parcialización, olvidando las muchas ocasiones en que la Policía ha dado la vida por los peruanos y defendiendo el orden que debe regir en el país.

Finalmente, siempre es lamentable la muerte de peruanos en conflictos, pero distorsionar las responsabilidades de la Policía traerá inseguridad e intranquilidad para el desarrollo del país.