Es urgente investigar la nefasta política de los gobiernos de Vizcarra y Sagasti para afrontar la pandemia de la covid-19.

La incoherencia gubernamental es grave. Sagasti usa etiquetas de “alertas alta, muy alta y moderada” aplicadas a divisiones geográficas caprichosas. Por ejemplo, la alerta muy alta se aplicaría a Lima provincias y no a Lima Metropolitana, pero ¿cómo aplicar ese criterio en una unidad continúa entre Huaycán y Huarochirí?

La ministra Mazzetti sostiene que estamos en la segunda ola pandémica y el ministro de Economía afirma que estamos en un “rebrote”. Asimismo hay desfase en lo que informan Minsa, Diresa y EsSalud.

Oficialmente se reconoce que no hay suficientes camas UCI, estamos como en mayo pasado cuando la gente se moría desatendida. Además, como sostiene la Federación Médica no se ha reactivado el primer nivel de atención, no se han puesto plantas de oxígeno en los centros de urgencia, a los médicos se les debe desde julio, y no se pagan los bonos Covid ni las horas complementarias. Unos 130 médicos han muerto y numerosos técnicos están afectados.

En el interior la cuestión es peor: en Piura el alcalde ha pedido que se declare el norte en desastre sanitario. Encima falsos íconos vinculados al oficialismo como Elmer Huerta apoyan el desorden social como las marchas, porque supuestamente “no contagian”.

En cuanto a las vacunas hay mucha confusión. Vizcarra sostuvo falsamente que se vacunaría a todos los peruanos antes de abril. Sagasti dice que la vacunación generalizada será en septiembre. El MEF ha hecho recién un adelanto de 94 millones de dólares a Sinopharm para el envío del primer lote de vacunas sobre un total 38 millones de dosis.

Con Convax Facility, Johnson & Johnson, Pfizer y AstraZeneca hay acuerdos preliminares sin mayor transparencia porque supuestamente son “secretos comerciales”.

Ante este desastre se justifica la suspicacia de que pueda existir un plan para postergar las elecciones, la ministra de Salud ha dicho que no se sabe si éstas se suspenderán y que “debemos ir analizando poco a poco”.

En este contexto Mazzetti debe ser reemplazada por quien demuestre real capacidad para manejar la crisis. No podemos permitir que siga la mortandad a gran escala; es imposible que sean solo 38 mil fallecidos. En agosto diversos cálculos internacionales sostenían que la proyección real debía ser tres veces más que las cifras oficiales, por tanto estaríamos en el orden de 100 mil peruanos fallecidos por la pandemia. ¡Gravísimo!