La experiencia ha sido reconocida a través de los tiempos como fuente de conocimiento y un valor que permitía a las personas destacar en una sociedad, ya sea a través del desarrollo de alguna actividad, oficio o profesión. Es así como la experiencia acumulada por la persona constituye un valor importante, pues es a través de ella que se puede aplicar lo aprendido, corregir los errores y enriquecer el conocimiento.

Así pues, en ciertas profesiones como el Derecho, y en el caso específico de los árbitros encargados de resolver controversias en las cuales participa el Estado, existen dos aspectos fundamentales que son la base del conocimiento y su aplicación, estos son la “capacitación” y la “experiencia”, siendo esto último lo que permite rescatar lo positivo y desechar lo negativo de cada vivencia personal.

En la actualidad los arbitrajes entre particulares y el Estado representan un porcentaje importante de los procesos en trámite; esta situación nos pone ante la necesidad de contar con la mayor cantidad de profesionales capaces y calificados para desempeñar esta función; sin embargo, contrariamente a ello se ha eliminado el Registro ante el OSCE que permitía la posibilidad de que los árbitros acrediten las especialidades (derecho administrativo, contrataciones públicas y arbitraje), mediante la experiencia adquirida. Esto ha originado que en la actualidad sólo exista el Registro Nacional de Árbitros – RNA, al cual se accede acreditando las tres especialidades antes mencionadas a través de cursos en dichas materias, limitando la posibilidad de que árbitros con amplia y reconocida experiencia puedan ingresar a dicha nómina y que puedan ser designados en aquellos procesos arbitrales donde participa el Estado, muchos de los cuales resultan de suma importancia y complejidad.

Resaltamos la importancia de la formación académica en todos sus niveles y su actualización, sin embargo, ello no debe ser razón para excluir o dejar de reconocer un valor que siempre ha sido y será importante como es la experiencia como atributo del conocimiento. En palabras de Aristóteles, “la inteligencia consiste no solo en el conocimiento, sino también en la destreza de aplicar los conocimientos en la práctica” y esa práctica no es más que la repetición del conocimiento, que en otras palabras es la experiencia.

Fernando Nakaya Vargas Machuca