En una amplia entrevista que me hizo José Romero Arce para el “Oráculo de don Tribi”, puso “el dedo en la llaga” cuando me preguntó sobre la preparación que deben tener los aspirantes al Congreso. La pregunta me hizo reflexionar sobre los cambios que deben darse para mejorar la calidad de los parlamentarios y, en general, de los postulantes a cualquier cargo público de elección popular.
La primera reflexión es que, en estos tiempos, aquél que no quiere estar instruido será por negligencia más que por falta de oportunidades y de dinero. El internet ha reducido la brecha de la educación. Hoy hay más celulares inteligentes que personas en el Perú, y ello convierte al teléfono en un instrumento poderoso para estar mejor informados y educados. Con el tiempo hasta podría eliminarse la obligatoriedad de estudiar en colegios y universidades para dar paso sólo a la acreditación de conocimientos obtenidos con el internet. No creo estar equivocado en ello; basta con mirar la gran oferta educativa que brinda el internet de forma gratuita y de la posibilidad de tener la información al alcance de los dedos de la mano y del cerebro.
Por ejemplo, el Parlamento Virtual Peruano del Congreso del Perú, brinda desde 1997 cursos gratuitos sobre la organización y funciones del Congreso, por lo que me pregunto: ¿los candidatos o los parlamentarios habrán seguido estos cursos?
Para postular a un cargo público de elección popular no basta con tener ganas. Yo puedo tener ganas de lanzarme en paracaídas, pero no lo haré si es que antes no me preparo para ello. Lo mismo pasa en la política. Para ser político no basta con decir “me gusta hablar en público y tengo buena labia”. Si Dios te ha dado el don de la oratoria agradécelo, pero compleméntalo con el conocimiento que ahora es gratis.
Ser político profesional debe ser la meta de cualquier militante de un partido político; el político no se improvisa. Los parlamentarios de antes eran producto de una formación científica e ideológica que recibían en las aulas de sus propios partidos políticos. La Universidad Popular González Prada del Partido Aprista es un buen ejemplo. Yo acudía siendo estudiante secundario y universitario, como también lo hacían obreros que deseaban superarse.
El político debe ser un profesional en la amplitud de la palabra y no hay que tener miedo en decirlo.