La presidenta del Consejo de Ministros, Violeta Bermúdez, es constitucionalista, feminista de la tercera ola y experta en género. Hace un par de días dijo “Hay una pandemia que ha llevado más vidas que la covid-19: la de la violencia contra las mujeres”. En realidad la pandemia que se cobra más vidas de inocentes mujeres se llama aborto, un asesinato que la señora ministra considera un derecho de la embarazada.

Usemos la estupidez del enfoque de género para analizar la postura anti-vida de Bermúdez. Según la cofradía de oenegés y consultoras a la que es cercana, en el Perú se realizan 300 mil abortos clandestinos anualmente. Esta cifra es repetida como un mantra sin contarse con fuente confiable, pero tomemos como cierto el número, asumamos que efectivamente en nuestro país hay 300 mil seres humanos por nacer asesinados cada año. Sabiendo que la relación de nacimiento de varones es de 51% frente a 49% de niñas, podemos afirmar que los abortos suponen aualmente el feminicidio de 147,000 niñas por nacer. Un brutal genocidio de mujeres.

Según declaró la premier al diario La República, “En este siglo es inevitable ser feminista” y que el feminismo la hizo luchar por la equidad y ver el mundo de una forma distinta. En el diario oficial El Peruano dijo hace algún tiempo que el feminismo “era una apuesta política”, cuando justamente por esa apuesta hoy presenciamos el estrepitoso fracaso de su feminismo. La notable académica estadounidense Camille Paglia (feminista, atea y lesbiana) lo dice con claridad: “No se pueden dejar de lado la equidad [del hombre] y la justicia porque estemos en medio de una cruzada política. Eso está pasando, el caos es absoluto, el feminismo se está convirtiendo en una religión, en una visión del mundo, con un fuerte componente sentimental, casi apocalíptico. Ven un universo repleto de mujeres victimizadas enfrentadas a unos malvados hombres depredadores”. Siendo partidaria del aborto Paglia sostiene que “Un pensamiento mágico no puede borrar la violencia intrínseca en el aborto pues contrapone el más fuerte al más débil y sólo uno sobrevive, en el centro de la cuestión está la eliminación de un niño”. La alumna del crítico y teórico literario Harold Bloom, fallecido el año pasado, dice sentir repulsión porque la verdad -la eliminación del niño- ha sido anulada del debate intencionalmente y así transformar los derechos reproductivos en un “instrumento ideológico utilizado sin escrúpulos para avivar pasiones, recaudar dinero y dirigir los votos” (se refiere a su partido, el Demócrata).

Para la ministra Bermúdez “No hay posibilidad de proteger, defender y promover los derechos humanos si no tenemos una institucionalidad fortalecida”. ¿No será más bien que no hay posibilidad de promover los derechos humanos cuando se insiste en que el humano por nacer no tiene derecho a vivir?