El comunismo se basa en el engaño, la informalidad y el desprecio hacia el ciudadano. Basta confirmar lo que viene ocurriendo, desde que el 28 de julio se instaló el régimen Castillo. ¡El presidente electo no tenía primer ministro ni gabinete ministerial! El 28 de julio, el país sobrevivió sin ministros. Palacio de gobierno dejó de ser la sede oficial del régimen. En adelante Castillo vivirá sabe Dios dónde, y tampoco se conoce adonde va a despachar. Un comunicado oficial emitido la tarde/noche del jueves 29 anunció que el presidente tomaría el juramento al gabinete a las 8.30 p.m. en el Teatro Nacional. Sin embargo, recién alrededor de las 11.30 p.m. del 29 de julio juró un gabinete incompleto. El viernes 30, la presidencia avisó que a las 6 p.m. tomaría juramento a dos ministros faltantes; los de Economía y de Justicia. Recién lo hizo a partir de las 10.45 p.m. Todo es así. Improvisado, irregular, incluso ilegal. Porque eso que Castillo abandone la sede oficial del gobierno –adonde existe un aparato completo de comunicaciones con todos los estamentos del Ejecutivo, y el presidente está rodeado de la seguridad y el control que, por norma, exige el puesto– trasgrede sendas disposiciones legales que regulan el ejercicio del cargo de jefe del Estado. Pues el comunismo se las ha pasado por alto. Probablemente el “hombre de La Habana”, el “guerrillero” canciller Béjar, operador del infausto Sinamos, tenga preparada alguna trampa para la nueva sede gubernamental.
“Hace cinco años, Vladimir Cerrón, candidato a la presidencia del Perú por el partido comunista Perú Libre, renunció ante la imposibilidad de lograr el 1% de los votos, que suponía la liquidación del partido, según la ley electoral. Cinco años después, no sólo ha formado un Gobierno, que preside un lerdo a sus órdenes bajo un sombrero con antena dentro y que dice llamarse Pedro Castillo, sino un poder popular, típicamente comunista, legal e ilegal, que liquidará el régimen constitucional peruano y forjará a sangre y fuego un modelo político totalitario, cuya cabeza será el partido, o sea, él, al que obedecerá el Gobierno, también suyo, y que impondrá, si los peruanos se dejan, una constitución que niega la democracia representativa y la condición de ciudadano, con derechos individuales imprescriptibles.” Para comprender la gravedad que entrañan tamañas palabras bastará saber que quien las escribe, amable lector, es Federico Jiménez Losantos. Una de las mejores –si no la mejor– plumas periodísticas de España. ¡Así ve el mundo democrático al Perú de hoy!
Caminamos por el desfiladero que nos conducirá al desastre, envueltos en una severa crisis sanitaria, económica, laboral, sociopolítica. Condiciones ideales para consolidar un sistema soviético, tal cual el de Cuba, adonde estudió –y se graduó de comunista– Vladimir Cerrón. Vale decir, un régimen marxista, leninista, mariateguista, comunista, como el que ha proclamado un jurado electoral espurio, y bendecido un gobernante infame, como Francisco Sagasti, quien se opuso a solicitar una auditoría internacional para validar un sinnúmero de comprobaciones de dolo perpetrado en múltiples mesas electorales.

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