La receta del chavismo tendría, primero, que convocar mañosamente a un plebiscito -al que se le llamará referéndum para que parezca constitucional-. Segundo, el plebiscito preguntará si el pueblo está de acuerdo con que una asamblea constituyente apruebe una nueva constitución. Solo luego convocaría a elecciones para una asamblea constituyente que, instalada, declarará que el Congreso es un poder constituido subordinado al poder constituyente. La asamblea coexistirá por un tiempo con el Congreso hasta que esté terminado el proyecto constitucional. Aprobado este por la asamblea, el congreso sería disuelto. Este es el circo puesto en escena en su oportunidad en Venezuela, en Nicaragua, en Bolivia.
La clave de todo el asunto está en el Tribunal Constitucional. Para matar el engendro en la madriguera, la convocatoria al referéndum debe ser objeto de una demanda de inconstitucionalidad ante el TC. Basta un 25% del número legal de congresistas. La Constitución establece que “Toda reforma constitucional debe ser aprobada por el Congreso con mayoría absoluta del número legal de sus miembros y ratificada mediante referéndum. Puede omitirse el referéndum cuando el acuerdo del Congreso se obtiene en dos legislaturas ordinarias sucesivas con una votación favorable, en cada caso, superior a los dos tercios del número legal de congresistas” (art. 206).
Como se ve, no existe reforma constitucional por referéndum.
El hecho es que la batalla está atada a otra batalla anterior: la de la composición del Tribunal Constitucional. De allí que la reactivación del procedimiento pendiente para nombrar seis de los siete miembros del TC sea en este momento un hecho político medular.
Los miembros del TC son elegidos por el Congreso con dos tercios de los votos del número legal de miembros. Y la izquierda no tiene los dos tercios de los votos que hacen falta para nombrar hoy a los que votarán mañana sobre la constitucionalidad de su referéndum.
Así, no es solo que la receta del chavismo sea incompatible con la Constitución, sino que es materialmente inviable si el TC no está subordinado a esa receta.
Y la izquierda ya lo sospecha. Por eso Pedro Castillo se adelanta a decir “seremos respetuosos de esta Constitución hasta que el pueblo lo decida, a través de un referéndum”.

Para más información, adquiere nuestra versión impresa o suscríbete a nuestra versión digital AQUÍ.

Puedes encontrar más contenido como este siguiéndonos en nuestras redes sociales de Facebook, Twitter Instagram.