La pandemia del Covid-19 no solo ha provocado en el Perú decenas de miles de muertos, sino también la caída del PBI en 13%; un déficit fiscal del 10%; más de tres millones de desempleados; y una tasa de informalidad cercana al 80%. Los efectos económicos de la pandemia entonces serán tan graves como la enfermedad.

¿Qué necesitamos? Generar empleo con un decidido impulso a la inversión privada, porque representa cinco veces la inversión pública. La Embajadora de Australia en el Perú, Sra. Diana Nelson, ha explicado en un artículo por qué el sector minero-energético desempeñará un papel fundamental en la recuperación de su país, y puede serlo para el Perú.

En Australia y Perú el sector representa alrededor del 10% del PBI, que aumenta al 15% si se incluye los servicios, tecnología y equipamiento que requiere. La exportación de estos productos es alrededor de dos tercios de las exportaciones en ambos países. Contribuye con grandes ingresos a sus gobiernos. La minería peruana generó al Estado alrededor de 80 mil millones de soles en los últimos 10 años y los hidrocarburos 96,750 millones de soles en 18 años. Directa e indirectamente, emplean el 10% de la fuerza laboral en Australia, y el 15% en el Perú.
La embajadora destacó: Primero, Australia reconoció la importancia económica del sector. En el Perú, todavía hay grupos que se resisten a reconocer el progreso que trae la minería y los hidrocarburos, especialmente en las zonas remotas del país. Los procesos de aprobación de estas actividades en Australia toman días, en nuestra patria, tienen fecha de inicio, pero no de conclusión.

Segundo, se creó un organismo nacional integrado por los gobiernos y las empresas privadas, que acordó los protocolos nacionales para la minería sin comprometer la salud, ni la seguridad de los trabajadores y las comunidades. En el Perú, el Estado rechaza la ayuda del sector privado y no coordina con nadie.

Tercero, se priorizó la protección de las comunidades indígenas, apoyando sus necesidades. En el Perú, las comunidades y pueblos pequeños han sido abandonados a su suerte en la pandemia.

Cuarto, se priorizaron soluciones colaborativas entre industria y gobierno, autorizándose a las empresas compras conjuntas de equipos de seguridad y protección, para que continuaran las operaciones. Aquí, casi todo fue detenido.

Quinto, los gremios privados del sector propusieron reformas fiscales, la aceleración de los procesos de evaluación ambiental, la aprobación de nuevos proyectos, y una mayor flexibilidad laboral, que el Estado aceptó. Entonces, las empresas contrataron a más trabajadores. En el Perú, a los gremios les falta iniciativas, pero el Estado tampoco los convoca.

Sexto, se simplificaron procesos y redujeron los plazos. En el Perú, se sigue sobrerregulando al sector, con nuevos reglamentos que solo promoverán más informalidad.

Séptimo, Australia está creando incentivos para las futuras inversiones. Aquí, la promoción empresarial no está en la agenda del Congreso.

Superar la crisis económica requerirá de un gran esfuerzo. El Perú puede poner a trabajar su sector minero-energético por la recuperación de los precios del cobre y del gas, y el auge de los precios del oro y la plata, pero requiere de un Estado promotor, que no detenga irresponsablemente la recuperación económica.

Martín Belaunde Moreyra y Enrique Carrillo Thorne