Las leyes son instrumentos que utilizan los seres humanos para lograr entre sí una convivencia armoniosa, pacífica y justa. Unas leyes de aquellas están destinadas a sancionar las conductas dañosas en contra de las personas en general o de la sociedad y el Estado mismo. También están las leyes que buscan solo regular las actividades humanas y, además, anticiparse a los problemas y evitarlos o, una vez producidos, darles solución.

Tal regulación se realiza para generar reglas que todos deben respetar, cumpliendo ciertos principios como libertad, igualdad, justicia y otros más. La Reforma Electoral persigue estos mismos objetivos: tal como generar igualdad entre quienes participen en la política nacional y, en particular, en cuanto a la recepción de donaciones en época electoral.

Tal igualdad puede tener varias manifestaciones y una podría ser que todos los partidos políticos al recibir donaciones lo hicieran bajo las mismas condiciones y reglas, de modo que uno no tome ventaja, respecto los otros. En tal sentido, hoy bien conocemos de donaciones de orígenes oscuros y no justificadas, que resultaron comprometiendo en futuros negociados a varios políticos que hoy se encuentran con procesos abiertos, privados de su libertad o impedidos de salir del país.

Obvio es que tales medidas de seguridad o cautelares se dan en la medida en que son necesarias para asegurar que tales personas respondan ante la ley. Si actuáramos razonablemente, se entiende que aquellos actos que se dieron, deberíamos tratar de evitarlos en el futuro y, por ello, habría que controlar las donaciones. La oportunidad la tiene el Congreso, donde ahora mismo se discute la reforma; pero todo indica que no se querría controlar ello de manera seria y menos sancionando de manera rigurosa los incumplimientos, lo que equivale a aceptar el incumplimiento.

Entonces, nos formulamos la pregunta de por qué los congresistas siempre tienen que hacer lo que les conviene a ellos mismos, a sus partidos y líderes; y no lo que le conviene al país. Desde la ciudadanía, nos preocupa hondamente que tenga que ser el dinero de organizaciones criminales el que termine donado a quienes hacen política e influenciando en la política económica nacional.

Incomoda que a sabiendas de que el narcotráfico, la minería ilegal o el dinero producto de la corrupción han resultado pagando campañas, no se quiera normar tales hechos, pues es lógico que repetiremos el triste espectáculo que estamos viendo ahora.