La exigencia legal de la afiliación a un partido político para ser candidato en una fórmula presidencial o en una lista para el Congreso ha desatado una ola de inscripciones por parte de personajes que carecían de militancia partidaria pero, individualmente, aspiran a la Primera Magistratura. El plazo se vence el 30 de septiembre y los partidos, a diferencia de otras ocasiones, no pueden tener invitados.

Si algo perjudica al endeble sistema político peruano es precisamente la conversión de la mayor parte de los partidos en maquinarias electorales, carentes de ideología y programas y a la caza del poder a como dé lugar.

En el contexto de esa pauperización del escenario político surgen dos fenómenos paralelos: la aparición periódica de candidatos mesiánicos que supuestamente pueden resolver todos los problemas del país y el transfuguismo de quienes pasan de partido en partido, no por razones de conciencia, sino porque buscan satisfacer sus personales apetitos de figuración o la influencia que requieren para servirse a sí mismos y no al Perú.

Detrás de este esquema, que tanto daño le hace a nuestra patria, suele estar el interés económico de grupos mercantilistas acostumbrados a colocar a sus agentes en puestos claves para medrar impunemente con el dinero de todos los peruanos.

Huelga decir que los planes de gobierno y las propuestas de campaña guardan consecuencia con esta situación: ofrecen soluciones para temas apremiantes que luego no aplican o no funcionan o se evaporan en el marasmo de una corrupción rampante y de una clamorosa ineficiencia en la gestión pública.

Esa es la historia reciente e inmediata del Perú. Frente a ello, se requiere una verdadera Revolución Pacífica, tal como la plantea mi partido, Perú Nación, que remueva los cimientos de esa corrupción sistémica y establezca con claridad cuál es el papel de un partido político moderno, sin ataduras con intereses creados y que, en un marco de pureza principista, real y efectivamente trabaje por nuestra Patria.

Porque los vientres de alquiler son eso: cascos vacíos a la espera del mejor postor y lo que requiere nuestro país son movimientos políticos institucionales con capacidad de gestión y moral a prueba de balas.

Presidente de Perú Nación-Presidente del Consejo por la Paz