La primera etapa republicana debe concluir el 28 de Julio de 2021. Debemos empezar la construcción de una segunda república, la del pueblo productor y trabajador, la de la democratizacion de la propiedad, la de la juventud, la del fin del abuso oligopólico y la “constructocracia”, la de la consolidación de las nuevas clases medias y la de la radicalización de la democracia que potencie su contenido social, hoy olvidado.
Bien dice Iván Arenas, constructor principal de la predica por un nuevo relato popular y republicano cuando señala que el “Perú popular no está representado por el Perú formal”. El Estado y su dibujo actual es el obstáculo principal a la posibilidad de liberar las fuerzas productivas de la gente de las regiones y los distritos emergentes de Lima. El aparato público persigue y castiga la iniciativa empresarial popular. La SUNAT cierra innoblemente pequeños negocios, pero es permisiva con las grandes corporaciones deudoras.
La segunda etapa republicana debe poner fin a ese intento desvinculado de la realidad de “combatir la informalidad” y más bien acometer un esquema de “formalizacion popular” o como bien afirma Garrido Lecca de “normalización”. El Perú post pandemia y su recuperación pasan por el empoderamiento en tecnología, capacitación y crédito a los millones de compatriotas y familias emprendedoras.
La segunda república implica una revolución de propiedad. Hoy hay cuando menos 2 millones de potenciales propietarios que no tienen título sobre los predios que habitan, viendo bloqueadas sus posibilidades de apalancamiento financiero. Esto y la valorización internacional de las tierras, muchas veces comunales, sobre las que se asientan los minerales son claves para viabilizar la minería con justicia social.
La asignatura pendiente de la primera etapa republicana es que ha arribado a su deterioro vaciando un tanto el contenido social de la democracia y ha hecho de esta democracia la “democracia de un puñado de oligopolios”. Solucionar el abuso de los intereses del crédito financiero de la banca, el de los laboratorios, el del duopolio del combustible, del esquema previsional y de las aseguradoras es ineludible. Impulso desde el Estado a soluciones de mercado para una auténtica competencia, en donde los consumidores sean los beneficiarios.
La narrativa de la segunda república debe tener por objetivo reivindicar la agenda social del agro, de los hombres de pesca, de los comerciantes, de los pequeños mineros, del magisterio, de los trabajadores del sector salud, de los taxistas y mototaxistas, de la demanda por vivienda social, del empoderamiento de la mujer, de las comunidades nativas y un esquema potenciado de atención primaria vigorosa y hoy atendiendo también la postergada mirada sobre un tema clave como la salud mental.
La segunda república al ir hacia un esquema de participación popular y democratizacion social acometerá también la justa lucha contra un flagelo aún persistente: el racismo. Circunstancia oprobiosa del cual poco dicen los analistas del establishment, quizás por sus mayoritarias procedencias sociales . Más allá de derechas o izquierdas gran parte de las élites comparten su miopía acerca de los dolores y manifestaciones culturales de las mayorías. “Educar al soberano” no implica criminalizarlo.
Haya de la Torre, una fuerza de la naturaleza, cambió la historia del continente proponiendo un nuevo modelo de Estado, el “Estado antiimperialista”, planteando además una alianza pluriclasista y la integración de los pueblos de América latina. Hoy, tomando su visión debemos proponer el “estado constructor de la segunda república”, la de las mayorías nacionales. Y, como hace casi 100 años, los grandes adversarios de estas transformaciones serán la oligarquía con sus monopolios y los comunistas, sus paniguados.