Todos los años se inicia en octubre la siembra grande de la Sierra que involucra a la mayor parte de los dos millones trescientos mil pequeños productores que practican la denominada agricultura familiar y que, por cierto, una vez más carecen de asistencia técnica, financiación y asesoría en la determinación de mercados.

Pero constituyen la columna vertebral de la alimentación en un país como el nuestro que, pese a ser ubérrimo en su producción agraria, ha sido en ocasiones importador de productos esenciales como la papa, precisamente originaria de nuestras fértiles tierras.

Las dramáticas imágenes de pequeños productores andinos denunciando que les pagan solo entre 10 y 20 céntimos por kilo de papa y que prefieren regalarla o de los agricultores que, embarcados en la aventura de sembrar quinua en la Costa, terminaron quemándola porque no podían venderla reflejan las carencias, hasta ahora presentes, de una política agraria muy mal llevada y claramente desinformada.

Capítulo aparte merece el fallido Agrobanco con su cartera pesada generada por empresas mercantilistas que jamás debieron acceder a un crédito de dicha entidad bancaria en la forma que lo hicieron y que este año solo ha podido colocar 42 millones de soles hasta el 31 de julio, con pérdidas por 26 millones de soles pese a que tiene un fondeo de 610 millones de soles.

Es la clásica combinación de ineficiencia, corrupción y manejo político en el peor sentido del término en un escenario en el que, dentro del contexto de la economía social de mercado que establece nuestra Constitución, se necesita la presencia promocional y orientadora -no interventora- del Estado para que la agricultura familiar adquiera en el Perú la productividad y rentabilidad que requiere y que puede perfectamente desarrollar.

Al final de cuentas, el problema no es de plata ni de normas legales: el problema deriva directamente de quienes han manejado el Estado durante tantos años dejando sembrados en el camino a funcionarios corruptos e ineptos que siguen haciendo de las suyas.

Tenemos que limpiar la administración pública de esos malos elementos para sentar las columnas de una política agraria eficiente y bien direccionada, estableciendo las bases para un manejo técnico y oportuno del agro.

Presidente de Perú Nación-Presidente del Consejo por la Paz