Se ha puesto en debate el carácter misógino y machista de varios miembros del gabinete del presidente Castillo cuyo clímax ha sido una frase espetada por el premier a una congresista sobre la hipótesis de su propia violación. La frase a la viuda: “ahora solo falta que te violen” trajo cola esta semana con una carta notarial del premier para que la viuda se retracte, lo que causó indignación y el que terminó retractándose de la carta fue finalmente el premier. Estas actitudes machistas no solo tienen explicación antropológica, habida cuenda de ese dicho del ande atribuido a la mujer “más me pegas más me quieres” que llevan enraizadas por su origen la mayoría de los líderes del partido de gobierno en el poder. Lo cierto es que también ese machismo y misoginia tiene tintes ideológicos. Los comunistas han validado el relato según el cual ellos son los principales libertadores de la opresión de las mujeres en una igualdad absoluta con los hombres, para lo cual desempolvan cientos de manifiestos, discursos y obras de Lenin. Pero los hechos hablan por sí solos. Con la anuencia de Lenin, según Douglas Smith en El ocaso de la aristocracia rusa, “en la primavera de 1918, en Yekaterinodar, los bolcheviques publicaron un decreto Sobre la Socialización de Muchachas y Mujeres. Según la orden, anunciada por toda la ciudad, las solteras de entre dieciséis y veinticinco años serían “socializadas”. A los hombres que deseaban participar en el proceso se les indicaban que debían presentarse ante la autoridad revolucionaria competente para ver como acceder al uso de hasta diez mujeres. Los soldados rojos, en aplicación del decreto, se apropiaron de unas setenta jóvenes, la mayoría de la élite local; algunas fueron capturadas en el parque central de la ciudad durante una redada especial. Unas pocas fueron conducidas a una casa cercana y violadas; dos docenas acabaron en el cuartel general del jefe bolchevique local y las demás fueron entregadas a otro jerifalte del partido y a un grupo de soldados estacionados en el hotel Bristol, donde también fueron violadas. Algunas de las víctimas fueron posteriormente liberadas, de otras no se volvió a saber nada, y otras fueron asesinadas y sus cadáveres arrojados al río Kubán. Una de las otras muchachas, estudiante de quinto de primaria en el gimnasio de Yekaterinondar, fue volada repetidamente por un grupo de soldados a largo de doce horas. Al terminar, los hombres la amarraron a un árbol, le prendieron fuego y después, piadosamente, la mataron de un tiro. En la primavera de 1918 tuvo lugar en Ekaterinburgo una socialización de mujeres similar”. Como vemos, el comunismo se hermana antropológicamente con las costumbres del Ande, aunque mil relatos quieren negarlo. De ahí se explica el machismo y la misoginia de Perú Libre en el gobierno.

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