La sombra venezolana sobre la prensa peruana

La sombra venezolana sobre la prensa peruana

En el Perú, las coincidencias sólo son realidades. Nada parece. Al final del día, todo lo que uno imagine es lo que es. Nos referimos desde luego a ese mundillo de la política.

Lo acontecido ayer con la estación radial PBO que dirige Phillip Butters es un ejemplo de lo que estamos comentando. Una estación nueva; un oasis periodístico/informativo donde los peruanos descansan de aquel asfixiante monopolio mediático que ejercen los progre caviares en el noventa por ciento de medios radiales, televisivos, escritos; sin olvidarnos de las redes sociales, donde el “consorcio progre” ya es absoluto. Sólo en escasos meses PBO ha conseguido consolidar una enorme audiencia, conformada por gente que se encontraba intoxicada con ese tono tan monocorde que mandan los caviares para que lo establezca como inquebrantable pauta la “parrilla periodística”, a cargo de personas absolutamente ajenas al oficio informativo. Individuos que entraron en él en razón a la influencia y el “savoir-faire” que otorga formar parte de esa dinastía tan distinguida que, sin haber sido elegida, manda absolutamente en este triste país.

De la noche a la mañana, en una suerte de golpe de Estado mediático, la Fiscalía de la Nación a cargo de Zoraida Ávalos, una fiscal vendida hace años al poder político de turno –tal cual Blanca Nélida Colán, su némesis del siglo pasado, quien todavía purga condena carcelaria; como más temprano que tarde le ocurrirá a la Ávalos- intervino la planta de transmisión de PBO Radio, ubicada en el Morro Solar (que Butters alquila a un tercero), so pretexto de que su propietario mantiene una deuda por la renovación de las licencias de transmisión ante el Ministerio de Transportes y Comunicaciones.

Basta releer los archivos periodísticos de hace diez o quince años sobre lo que ocurría entonces en la Venezuela del impresentable Chávez, para revivir el déjà vu de aquella época, calcado ahora por el régimen Pedro Castillo, inspirado en el mismo comunismo que aquella farsa montada por Chávez para destruir Venezuela. Y una vez asolada y su gente hambreada y sin trabajo -tal cual ya viene ocurriendo en el Perú, en apenas seis meses de dictadura comunista/senderista- sacarse la careta y reacomodarse en el poder como lo dicta el manual de instrucciones marxista elaborado por Fidel Castro.

La puesta en evidencia de la miseria de presidente que desafortunadamente exhibe el Perú, como resultado de la “decisión” de Pedro Castillo de hablar, por primera vez, con la prensa libre –incluso el turno le tocó a un aséptico informador mexicano- tuvo como consecuencia la vendetta de un poder totalitario agazapado bajo un sombrero gigante indebidamente instalado en el palacio de gobierno. Había que demostrar quién tiene la sartén por el mango. ¿Se habrán convencido, finalmente, los populistas, los acuñistas, y los podemitas del Congreso, que Castillo no es el tonto del pueblo que ellos creían?

Lo de ayer, amable lector, es un campanazo para el periodismo independiente nacional y un baldón para la libertad de información y opinión sudamericana. ¡Una vil amenaza contra nuestra democracia! ¡Vacancia ya!

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