El reto de los partidos de centro es el de mantener el equilibrio tanto entre sus electores afines de derecha y de izquierda, como entre sus militantes conservadores y liberales, pues necesita de todos los moderados para reunir el número necesario de votos a fin de tentar la victoria electoral y no resignarse a la condición de partido bisagra. Ese es el problema del mayor partido de Alemania, la Unión Demócrata Cristiana (CDU), actualmente liderado por Angela Merkel, la auténtica jefe de Europa, canciller federal por cuatro periodos consecutivos, en necesaria coalición gubernamental con sus principales adversarios, los socialdemócratas del SPD. El Congreso partidario del sábado fue un nuevo ejercicio de ese imprescindible equilibrio, pues los delegados eligieron al nuevo líder contrastando ideas, sin que se expresen ataques personales.

En la primera vuelta, quien obtuvo más votos fue el abogado derechista Friedrich Merz; sin embargo, el tercero una vez descartado brindó sus delegados al insípido representante del aparato partidario Armin Laschet, periodista de amplia trayectoria política, quien obtuvo el triunfo en segunda vuelta. Su misión es la de garantizar el legado de Merkel, ajustando las cuerdas de una comunidad política amenazada por el creciente encanto del partido Verde entre los jóvenes, pero cuyo programa paralizaría la industria nacional y relegaría al país de su posición de liderazgo continental; mientras la derecha euroescéptica reunida en Alternativa para Alemania (AfD) exige mayor control de la creciente delincuencia de migrantes africanos.

Obediente con la línea trazada por Merkel, Laschet ha descartado cualquier acuerdo con la AfD para formar gobierno a nivel estatal y federal, pecado mortal que cometiera su antecesora en el ‘delfinato’, Annegret Kramp-Karrenbauer, que fue convertida en una especie de Lilibeth bíblica, por pactar con la derecha dura para formar gobierno en un Länder.

Es posible que Laschet no logre construir un perfil propio y se rompa la tradición de que el presidente de la CDU sea su candidato a canciller federal en las elecciones parlamentarias; pues lo superan en carisma y simpatía Jens Spahn, ministro de Sanidad y conductor de la lucha contra la pandemia, y Markus Söder, líder de la Unión Social Cristiana (CSU), hermana menor de la CDU con exclusividad en Baviera. Obviamente, las pretensiones de Spahn están atadas al éxito de la vacunación, hasta ahora problemática en el país más disciplinado de Europa; y las evidentes aspiraciones de Söder, más cercano al AfD, dependen del más fino cálculo electoral y de las encuestas. Teniendo la obligación de ganar, no hay margen para el azar.