En un escenario de descrédito institucional ha sido proclamado el profesor Castillo como el nuevo presidente de la República.
Es evidente ahora una lucha interna entre los sectores más radicales de Perú Libre con elementos más prudentes, pero, fundamentalmente, bajo el huracán desatado por el poder caviar para controlar los excesos ideológicos que pudiesen derivar en ingobernabilidad, pobreza general y aislamiento del país, aislando al profesor Castillo de la influencia y poder del señor Cerrón.
Ya Kennedy decía que se puede llegar al poder con un cincuenta por ciento de la población, pero no se puede gobernar con un cincuenta por ciento en contra.
El Perú está fraccionado y la nación enfrentada mitad contra mitad.
Debe quedarnos claro que, conforme pase el tiempo y los sucesivos gobiernos no desarrollen planes ni políticas que beneficien a la población, ésta seguirá optando en los procesos electorales por los grupos más extremistas que bajo el pelaje de pueblo disfracen su condición de lobos que solo buscan destruir la democracia para enquistarse como grupo en el poder y no abandonarlo jamás.
Lo que ha llamado la atención es que, al producirse el choque entre los grupos que apoyan desde la izquierda al profesor Castillo y los grupos que defienden nuestro sistema democrático de gobierno basado en el equilibrio de poderes que vienen del centro y la derecha, ha quedado de manifiesto la sólida estructura organizativa de la primera y su gran capacidad de choque ideológico y también el uso de la violencia como método, frente al desorden, desconcierto, lucha de liderazgos débiles, la poca consistencia para resistir grandes luchas, entre otros, en la derecha y centro.
Al final ya no se enfrentaban Perú Libre con Fuerza Popular sino la amenaza comunista y totalitaria de la izquierda y los sectores democráticos que luchan por mantener sus libertades y la institucionalidad del país.
Grave error fue considerar y mostrar que era la señora Fujimori quien enarbolaba esta bandera democrática cuando todo el mundo sabía que entre los que participaban había mucha gente antifujimorista. Luego vino el mensaje trémulo y débil de la señora Keiko para aceptar su derrota, pero sin dejar un mensaje a toda la masa de gente que se había movilizado durante los últimos días.
La derecha y el centro no tienen líderes y el mundo empresarial carece de valores y principios porque siempre cae en su eterno defecto de tratar de acomodarse con el ganador, aún a sabiendas que, en este caso, los que ganaron los consideran enemigos de clase y, por ende, como un objetivo a destruir.
La conformación del primer gabinete ministerial nos dará una idea de cuál de los sectores está prevaleciendo, o los radicales de Cerrón, los más cautos de la izquierda tradicional o el poder caviar.

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