Los apasionamientos surgidos por la contienda electoral polarizada más que nunca en segunda vuelta han provocado disensiones y enemistades aun entre los mismos grupos sociales y hasta familiares, lo que de continuar será fuente de muchos problemas, pero donde se reflejará mucho más será en la marcha de la nación.
Pensar en que la Democracia y sus derechos inherentes se pueden ejercer en una sociedad en conflicto consigo misma es una utopía, porque no es de la contención y el socavamiento al ejercicio del poder del que ganó que se forjan sociedades democráticas, sino todo lo contrario, lo cual sólo favorece a los ávidos colonizadores internacionales, expertos en: “Divide y dominarás”.
El Perú necesita unirse más allá de ideologías, el conflicto entre izquierdas y derechas ha devenido en obsoleto y en un escollo para demandar la unidad de los pueblos frente a la amenaza de la colonización globalista del Nuevo Orden Mundial, que usa indistintamente gobiernos de izquierda o derecha, exigiendo sólo sujeción.
Debemos reconocer que las preocupaciones de muchos peruanos es la imposición de un gobierno comunista al estilo del Foro de Sao Paulo como se refleja en el plan de gobierno de Perú Libre, el partido que invitó al Profesor Pedro Castillo a postular a la Presidencia; sin embargo, debemos entender que la Constitución establece en su artículo 118 inciso 3, la facultad del Presidente de dirigir la Política del Gobierno, dicha facultad no puede ser ejercida por el partido que le permitió postular, ni por ningún otro funcionario.
Por otro lado, la determinación de los planes de gobierno y políticas de Estado tampoco puede ser arbitraria o impuesta contra la voluntad de la nación, sino que debe ser el resultado de su aceptación general por la población. (Art. 1 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos).
La unión de los peruanos para levantar una fuerza democrática que respalde un gobierno de consenso social, en que el objetivo sea devolver el Perú a los peruanos garantizando la libertad y derechos de todos, se ha de convertir en la base de una salida al conflicto en que nos encontramos.
Finalmente la Democracia verdadera se funda en Principios superiores de Bien, Verdad, Justicia y Dignidad que componen el delicado tejido de la libertad de los pueblos, esa libertad que es desgarrada y desaparece bajo las dictaduras sean estas de izquierda o de derecha.

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