¿La verdad a su medida?

¿La verdad a su medida?

El país le pide al presidente Pedro Castillo que diga su verdad, que cuente lo que él sabe y conoce mejor que nadie, respecto de los hechos de supuestos actos de corrupción cometidos por él y su entorno familiar y sus más cercanos colaboradores en palacio de gobierno, pero hizo mutis. Optó por la leguleyada. Por darle largonas a una investigación correcta y dentro de la ley que desarrolla la Fiscalía de la Nación. Está en su derecho de guardar silencio, si eso le parece, pero frente a la opinión pública, lo que deja, con ello, es una inmensa estela de dudas, de sospechas, de conjeturas que se desprenden de esa negativa y que no es recomendable en la persona que encarna a la nación, quien debiera tener como buque insignia de sus actos la transparencia plena frente a sus representados.

El mandatario, lejos de brindarnos la verdad, ha puesto en manos de sus abogados, el encargo de alcanzarnos la versión que mejor se acomoda a sus estrategias de defensa que, como todos intuyen, dista mucho de ser la verdad objetiva de lo sucedido. Ello explica las marchas y contramarchas declaradas a la prensa por sus abogados, quienes un día aseguran que el jefe de Estado no acudiría al llamado de la fiscalía a brindar su declaratoria y que esperaría a la Fiscal de la Nación en palacio de gobierno, y que, al día siguiente, el mismo presidente anunciaría por Twitter que iría al despacho de la Fiscal de la Nación, tal como ella se lo había pedido con firmeza que los peruanos aplauden.

En efecto, el jueves de esta semana, Castillo se presentó en la oficina de la fiscal Patricia Benavides, quien lo había citado para que declare sobre su presunta injerencia en los ascensos oficiales de la Fuerza Armada y la Policía Nacional.

Luego de “prestar su declaración” en la fiscalía, que duró por espacio de una hora, el presidente dijo que lo había hecho para colaborar con la investigación en marcha. Es más, señaló que lo hacía por el Perú. Aprovechó también para arremeter contra la prensa, a la que culpó de crear situaciones en su contra con fines perversos. Posición alejada de la realidad, los medios de comunicación informan lo que viene ocurriendo alrededor de su persona, las carpetas iniciadas contra él no son creaciones de la prensa, es si el ejercicio regular del derecho de quien tiene como misión la persecución del delito.

El jueves, el presidente, no solo perdió ante la Fiscal de la Nación en el tema del lugar donde prestaría su declaración, sino además por la tarde el Congreso de la República rechazó su pedido de salir del país para estar presente en el cambio de mando del hermano país de Colombia. Hecho inédito en la historia de nuestra república, que refleja la crisis presidencial por la que vienen atravesando el Perú y de la cual hasta el momento no hay forma de salir, salvo que el congreso tome la decisión deseada por la mayoría de peruanos de utilizar la institución de la vacancia y así poner fin a este entrampamiento que a todos nos mantiene en vilo, o en su defecto el profesor Castillo en un acto de heroísmo cívico presente su renuncia para enfrentar no solo los diversos procesos que se ventilan en su contra, sino permitir que nuestro país realice un drástico cambio de timón en lo económico y social y brote los beneficios a favor de los más necesitados.

Aunado a ello, se viene la juramentación del quinto gabinete (en un año), el cual de seguro tendrá más de lo mismo, personajes improvisados que llegaran solo a cuidar las espaldas del presidente. Entretanto, la población sigue a la deriva en control remoto, sin rumbo y sin saber a dónde nos conduce el presidente que no gobierna y está dedicado, solamente, a estudiar estrategias de su propia defensa.

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