El dicho es sabio, el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra es el hombre necio. Sagasti y Mazzetti lo confirman.

Pero no yerran solo por ineptos, sino deliberadamente. La cuarentena decretada para supuestamente para frenar la arremetida de la pandemia es una medida de ingeniería social consistente en un campo de concentración sin lágrimas.

Aunque la propaganda oficial en complicidad con la prensa subvencionada haya perforado el juicio de muchos, lo cierto es que al momento del estallido del covid el Perú reaccionó tarde porque ya los servicios de inteligencia habían advertido sobre la expansión del virus desde diciembre de 2019. En marzo pasado Vizcarra ordenó el aislamiento social más severo que en cualquier otro país, pero el populismo, la ineptitud de los funcionarios y la corrupción desembocaron en la mortandad más alta del mundo y la quiebra financiera del Estado.

Pese a todas las denuncias fundamentadas, al momento de ser vacado el moqueguano insistía en restricciones absurdas para la población y en la burla de que ya había contratado la vacuna para atención masiva.

Casi tres meses después y con unos cien mil muertos el advenedizo Sagasti renovó en el cargo a Mazzetti, con lo cual avaló la fracasada gestión anterior. Peor todavía, oficialmente se ha reconocido que los recursos disponibles para la emergencia (camas UCI, plantas generadoras de oxígeno, ventiladores mecánicos, etc,) siguen siendo extremadamente escasos. No se aprendió la lección, se hizo oídos sordos a las advertencias y ni siquiera se sanearon las condiciones laborales y económicas del personal sanitario.

La segunda ola de la pandemia no nos tomó de sorpresa, sin embargo las medidas de contención son las mismas torpezas anteriores. Encima, las directivas sobre el confinamiento son confusas y apuntan a secuestrar al pueblo sin ofrecer siquiera paliativos porque inclusive el populismo de los bonos será efectivo después del 15 de febrero.

Hoy millones de peruanos están sumidos en la disyuntiva de acatar las normas y morirse de hambre o salir a trabajar y desobedecer la autoridad.

¿Cómo entender esto? La incompetencia no explica todo. La represión masiva, el engaño con las vacunas chinas, el miedo, los mensajes presidenciales ininteligibles y las reiteradas mentiras sobre las vacunas apuntan a romper la estructura del Estado, postergar las elecciones e imponernos la ideología socialistoide por encima de la realidad popular. Por eso, al igual que Vizcarra y sus ministros, Sagasti y Mazzetti tendrán que ser juzgados como criminales.