De vuelta al dramático dilema: ¿Qué es mejor, seguir con un Presidente bajo investigación por presuntos delitos de corrupción o vacarlo del cargo al caballazo y que lo sustituya el titular del Congreso? Encrucijadas como ésta enredan de nuevo al país en pésima hora y sin que el TC, cual Chapulín salvador, pueda ayudarnos a salir del disparadero por el momento.

En plena campaña electoral del 2016, quedó claro que el entonces candidato a la primera vicepresidencia de la República -hoy el actual jefe de Estado- arrastraba varias pesquisas fiscales por supuestos ilícitos penales derivados de su pasada gestión como gobernador regional de Moquegua. Salvo por algunas voces, aquellas denuncias en trámite no tuvieron mayor repercusión posiblemente porque no era el postulante a dirigir los destinos de la nación sino alguien llamado a completar la “plancha”. Ahora está sentado en Palacio de Gobierno y dichas investigaciones han crecido al punto que, por segunda vez y sórdidamente patrocinada, se ha presentado una moción de vacancia por incapacidad moral en su contra. En la hipótesis negada de que la apruebe el Poder Legislativo, el ex gobernador y a la sazón Primer Mandatario sería destituido y reemplazado temporalmente por el titular del Parlamento cuyo desempeño deja mucho que desear –por decir algo-, y todo esto a pocos meses de las elecciones generales y con la peligrosa inestabilidad interna que provocará. Vaya “normalidad” la nuestra parafraseando a Martín Adán.

Dada la crítica coyuntura, no tenemos duda sobre dos cosas: primero, la conveniencia de la permanencia en el cargo del jefe de Estado hasta el 28 de julio próximo aún sin ser garantía suficiente. Segundo, la moción de vacancia no sólo es inoportuna e imprudente sino indebida, ya que se sustenta en indicios de presunta responsabilidad penal que no han sido corroborados por la Fiscalía constituyendo otra arbitrariedad parlamentaria aprovechando la falta de definición del TC. Confiamos, pues, que la mayoría congresal rechace la admisión a debate de la moción de marras ya que, mal que bien, es el menor de los males de cara a los comicios generales próximos. ¡AMÉN!