¿Qué tienen en común Martín Vizcarra, Julio Guzmán, George Forsyth y su candidata a la vicepresidencia Patricia Arévalo? Todos son caviares que pontifican sobre la moral y la corrupción, pero son hipócritas que practican la corrupción o tienen el espíritu corrupto. Martín Vizcarra, por ejemplo. Miente sin pudor, pero lo revelado por el periodista Carlos Paredes en su libro de próxima aparición El perfil del lagarto, lo retrata de cuerpo entero. Usó a los peruanos como moneda de cambio para experimentar con la vacuna de Sinopharm a cambio de que sólo lo inmunizaran a él y a su esposa primero. Incluso fue tan mezquino que pudiendo inmunizar a su gabinete, que tuvo varios ministros contagiados, ni se ocupó de su bienestar. Ese es Vizcarra. Un truhán, un lagarto de la peor especie. Mientras, dejó en el camino a 90,000 peruanos en el cementerio víctimas de la peor peste que ha asolado el Perú en los últimos 100 años y sin ninguna vacuna a no ser la que le pusieron a él. O sea, el capitán que sale primero del barco en lugar de salir último. Un asco de hombre. Va con el número 1 por Somos Perú. Julio Guzmán, otro. Un bueno para nada que se ha rodeado de la gente más incapaz y de toda una agenda progre que es el negocio con el que mantiene su estilo de vida de burócrata de medio pelo, a súbito vecino de los ricos en el lugar más exclusivo de Lima.

¿Cómo lo hace? En su lista va toda la parafernalia de lagartijas de las redes sociales arrastrando las banderas del arcoíris sin que hasta hoy le hayan dado mucho resultado porque son tan brutos y brutas (aquí me permito usar el lenguaje inclusivo) que lo han hundido en medio del humo de la marihuana. Este sujeto es tan “valiente” que dejó tirada a una persona en un nidito de amor que terminó incendiándose, para correr a los brazos de su esposa a la que engañaba (y con la que solo le correspondía hablar de lo sucedido según refirió al periodista Augusto Thorndike que lo interrogaba por su cobardía). Candidato presidencial por el partido Morado. Un mequetrefe. George Forsyth, el arquero. candidato presidencial por Unidos por la Victoria. Tan hombre y galante como para tirarle eructos en la cara como se estila en los camarines de peloteros baratos a su esposa, Vanessa Terkes, que lo acusó públicamente de maltrato sicológico y lo abandonó entre lágrimas. Un patán. Patricia Arévalo, la feminista. Defiende al patán a capa y espada porque “no ha visto hasta el momento nada que indique una actitud hostil contra las mujeres”. Hipócrita. Como si los abusadores lo hicieran mañana, tarde y noche y ella no fuera la candidata a la vicepresidencia y candidata al Congreso con el número 4 del arquero, según ella… ¡muy preparado para conducir el país! Angurrienta de poder. Es que así son los caviares, lagartos y lagartijas del mismo pozo.