En el año 2014 se reunieron tres escritores en los Teatros del Canal de Madrid: Mario Vargas Llosa, Javier Marías y Arturo Pérez-Reverte. El motivo fue la celebración de los 50 años de la editorial Alfaguara. Emotivo encuentro donde no solo hablaron de literatura, sino que, además, contaron algunas anécdotas de su paso por la escritura y de cómo ello marcó su vida posterior.

Mario Vargas llosa, luego de una pregunta de Pérez-Reverte que consultaba sobre cómo se sentía al ser el último de toda una época, respondió que no estaba muy seguro, pero que había experiencias en la vida que lo obligaban a tomar las cosas con modestia. Entonces narra una anécdota. Se trata de un día cuando estaba en un avión que se dirigía a Canarias, fue llamado por la azafata. Ella le comenta que hay una persona que estaba preguntando por él, que decía que lo admiraba y que quería conocerlo personalmente. Vargas Llosa acepta recibir al pasajero y cuando lo ve, lo nota bastante conmovido: “No sabe lo importante que han sido usted y sus libros en mi vida”. Y luego, concluye “Cien años de soledad ha sido muy importante”.

Vargas Llosa cuenta que en ese momento no se atrevió a decirle que él no era García Márquez. De ninguna manera iba a decepcionarlo. Si bien no fija la fecha en que sucedió, tendría que haber sido posterior a 1967, año en que se publica la primera edición del libro del escritor colombiano. Además, quienes han leído un poco sobre la relación entre Vargas Llosa y García Márquez comprenderán que esta anécdota va más allá de aquella otra anécdota que tiene como protagonista el puñetazo de 1976, aquel que acabó con una amistad forjada durante años y que, según se especuló, involucraba a la entonces esposa del escritor peruano. Sin embargo, esa es otra historia.