La vida existencial comienza con el nacimiento, vida y muerte, dentro de ese desarrollo hasta el final de nuestros días, internalizamos experiencias satisfactorias y no satisfactorias, empero depende de la actitud de canalizarlas adecuadamente para saberlas sobrellevar, afrontarlas, tomando las mejores decisiones, que no afecten, sino todo lo contrario seamos optimistas.
Los jóvenes quieren ser viejos y los viejos, jóvenes, en esta dicotomía el ser humano se olvida de los contenidos, preocupándose de la apariencia para sentirse bien consigo mismo y los demás, sin tener en cuenta que los años no pasan en vano, que los seres humanos tienen que aceptarse como son, lleno de virtudes y defectos y en esas mismas condiciones las otras personas deben aceptarlos, corrigiendo algunas cosas para que las relaciones humanas se adapten al buen sentido de la vida.
Hoy en día, observamos que muchos jóvenes son adictos a la cirugía, no están conformes con su cuerpo y personas en edad madura también, ¿cuál es la esencia de esa actitud?, la respuesta que encuentro es el temor al “rechazo”. La mente no acepta que todo en la vida tiene su tiempo, para nacer, vivir y dejar de existir, las personas viven apresuradas como si fuese el último día de su existencia, sienten ser gratificados en todo momento sin pensar en las otras personas, haciéndose egoístas. No se cultivan en el espíritu, les interesa las formas, no las profundidades del espíritu, se alimentan de conversaciones triviales, no saben compartir, han perdido la parte humana, las actitudes no son trascendentales, no saben apreciar lo que está a su alrededor, se sienten acabados por dentro, ausencia de proyectos, fines, objetivos, no se sienten vivos en su interior, han perdido toda esperanza de seguir adelante, las personas critican todo, son insatisfechos, no realizan una autocrítica de su propia persona, se sienten perfectos dentro de la imperfección, les gusta aparentar lo que no son, débiles, inseguros, temerosos, no han construido nada en su vida, se han convertido personas viejas por dentro, sin deseos de conquistar muchas cosas que den satisfacción interna, han perdido la motivación, la razón de vivir, preocupados por tener una cara bonita sin arrugas que no delaten las grietas de su interior.
Conocí el caso de una persona que vivió dentro de una familia constituida por los padres y dos hermanos, que recibieron educación, estudiante regular, un padre que le gustaba el alcohol y este joven comenzó a consumir alcohol, más adelante drogas, se fue deteriorando con el transcurso de los años, llegando a vivir en las calles, sin trabajo, vivía de la ayuda que le daban los amigos y los cachuelos que realizaba lavando carros, perdió la esperanza de seguir viviendo, a pesar que tuvo todo, pero débil para los placeres. Recibió ayuda de la familia, amigos, profesionales de la salud mental, no cambio de actitud. ¿Por qué? Perdió las fuerzas espirituales para seguir adelante, a pesar de ser joven era un viejo por dentro, fue encontrado en las calles muerto por un exceso de consumo de drogas y fue enterrado en la fosa común porque nadie quiso saber nada de él.
“No te preocupes de llegar a ser viejo, lo importante es no llegar en vano”.

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