Las asignaturas desaprobadas de la Constitución

Las asignaturas desaprobadas de la Constitución

La crisis política de los últimos 6 años ha significado una gran tensión en el derecho constitucional, obligando a examinar minuciosamente cada artículo de la llamada “constitución orgánica”, aquella que determina las relaciones de la persona con la comunidad política, organiza al Estado, y establece las fórmulas para el equilibrio de poderes, a fin de garantizar los límites al poder. Es evidente que se requiere reformar diversas disposiciones que revelaron debilidades a la luz de los acontecimientos.

Comencemos por el JNE, conformado por apenas 5 abogados, mientras que el TC está compuesto por 7; una cifra reducida otorga demasiado poder a cada magistrado, por lo que debe aumentarse el número y elegir entre sus miembros al presidente. Por el contrario, otorgar la titularidad forzosa al juez supremo designado provoca el deseo de infiltrar políticamente la Corte Suprema para manipular las elecciones presidenciales. De otro lado, el uso de la tecnología no debe restar espacio a la transparencia; los personeros deben poder controlar todo el proceso, desde el acopio de actas de mesa, su contabilización hasta la revisión de las impugnaciones, que deben resolverse de acuerdo a criterios lógicos y prestablecidos.

En cuanto a las relaciones entre el Ejecutivo y el Legislativo, convendría equilibrar las fuerzas, retomando la figura de la Constitución de 1979, por la cual la disolución parlamentaria recién procede a la tercera de censura o denegatoria de confianza al gabinete; en ese caso, ningún ministro debería poder integrar un nuevo gabinete durante ese periodo presidencial. Luego de la disolución y la elección de un nuevo Congreso, el líder del grupo parlamentario con más escaños sería quien ocupe el cargo de presidente del Consejo de Ministros, siguiendo la lógica parlamentaria, pues el electorado es el árbitro de la controversia entre los dos poderes, la misma que motivó la disolución; de tener la razón, el nuevo “premier” sería del partido del presidente de la República.

Por último, la segunda vuelta debe convocar a los tres candidatos con mayor votación, de modo que la presión ciudadana fuerce a que dos de ellos se unan contra el más radical o quien más resistencia genere, de la terna. Así se reducirían las posibilidades de caer en manos de un extremista, al tiempo que se incentiva la formación de alianzas mediante la adopción de un programa de gobierno consensuado. Es necesario evitar que el ganador de la segunda vuelta piense que puede imponer su propio plan, siendo en realidad una minoría. El fortalecimiento de nuestra democracia requiere que los gobiernos sepan negociar y construir mayorías, haciendo verdadera política.

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