Un mercado es un espacio en el que se vende y compra bienes y servicios. La idea es que, si una persona necesita algo, ingrese a este espacio y lo adquiera al precio que esté dispuesto a pagar. Los vendedores competirán entre sí para ser preferidos por la mayor cantidad posible de compradores, quienes elegirán con libertad la oferta que mejor les convenga.

El escenario ideal es que en ese espacio todos salgan ganando, pero sabemos que no siempre es así. Si nos dijeran que ese espacio al que ingresamos tiene un dueño, que él también vende sus propios productos y que aprovechó esa posición para mostrarnos su oferta y ocultar la de los demás, ¿podríamos decir que realmente elegimos nuestras compras con libertad? Ese mercado podría llamarse Amazon.

Si nos pasara esa misma situación en otro barrio más pituco, donde el dueño del espacio además cobrara a los otros vendedores el 30% de lo vendido (costo que es trasladado a nosotros), habríamos ingresado a un supermercado que se llama Apple.

Imaginemos que vamos de compras a un centro comercial y, como es muy grande, tenemos que preguntar a la señorita del módulo de información dónde están las tiendas de zapatos. Ella, deliberadamente, nos muestra solo las tiendas de su conveniencia y nos oculta las demás. Esa señorita se llamaría Google. Luego, en ese mismo centro comercial, de pronto todas las tiendas de zapatos fueron compradas por un solo dueño: Facebook.

En los cuatro ejemplos, nuestra libertad quedó suprimida. No somos libres porque podamos elegir entre las opciones que nos ponen enfrente, sino cuando se garanticen ciertas condiciones (información, variedad de oferta, competencia real) para tomar una decisión.

El Congreso de los Estados Unidos citó hace unos días a esas cuatro “Big Tech” a una audiencia pública para que expliquen cómo llegaron a ser tan grandes y dominar el mercado. Las cuatro apelaron a un argumento patriótico: “si no lo hacemos nosotros, lo harán los chinos”, que sonó como el “yo privaticé la paz mundial” de Tony Stark en Iron Man 2.

Suena a película hollywoodense, el mercado digital se rige por las reglas de cuatro empresas privadas, que piden al mundo que confíen en ellas. El mercado ideal es una idea de laboratorio, los competidores tienen un instinto de hegemonía, como en una partida de Monopoly. Pero no olvidemos que el juego se acaba cuando uno se convierte en dueño de todo.

Christian Alonso Guzmán Arias-Asociado Senior del Área de Competencia y Buenas Prácticas -Torres y Torres Lara Aogados