Vivimos épocas exponencialmente peligrosas. Cada día la polarización ciudadana va a más. Se trata de una crisis transversal. Afecta a los integrantes de las clases A hasta la Z. A este paso, la sociedad peruana va camino directo a su inviabilidad. La desunión es el denominador común. ¿Cómo hemos llegado a semejante escenario de odios, fobias, pendencias? ¿Cuándo empezó a joderse la sociedad peruana contemporánea? No hay que ser zahorí para concluir que nuestro divisionismo resurge de los enconos personales, basados en las frustraciones de figuras emblemáticas en sus más hondo sentimiento. Tampoco sería pecar de agorero aventurándonos a fijar tiempos sobre el retorno de la inquina. Recordemos que nuestra bicentenaria República está preñada de iras, animadversiones, antipatías y desprecios entre grandes protagonistas, a raíz de envidias, desengaños y resentimientos surgidos entre quienes lideraron –o trataron de liderar- el país, tras frustrarse sus expectativas por razones que su ego les prohibió perdonar. Todavía mantenemos abierto y lacerante un lamentable capítulo de nuestra historia reciente, que describe en gran parte lo que viene sucediendo en nuestro país.

Hablamos de la derrota ante Fujimori sufrida por Mario Vargas Llosa en las elecciones de 1990. Aquello trajo por tierra las expectativas del novelista, ilusionado por ser ungido presidente del Perú. Pero, en lugar de pasar página de esa parte de su exitosa carrera -dejando atrás aquello que no sabe hacer (política), y abocándose a su especialidad (escribir)- Vargas Llosa se puso a fabular un bilioso anecdotario personal -que luego lo proyectara a la pléyade de amigos y seguidores que mantiene entre la elite peruana e internacional- haciendo aparecer a los peruanos como personas de ínfimo nivel. Más aún, Vargas Llosa direccionó su frustración a castigar a este incomprensible país, por haber “desperdiciado” la oportunidad de elegir a un iluminado como presidente de la República. Usó entonces su ascendencia sobre el jet set intelectual -con influencia en el ámbito financiero mundial- para castigar al Perú, estrangulándolo económicamente. Perjudicaría así a la sociedad peruana, culpándola de las razones de su derrota. No contento con ello, insistió en su ira usando la misma influencia entre la intelectualidad peruana apelando asimismo a un periodismo canallesco para promover candidaturas presidenciales de un quinqué de cleptómanos, ineptos y sinvergüenzas. Empezando por los hoy reos procesados por corrupción Toledo, Humala y Kuczynski, al intervenir directamente en sus campañas proselitistas cual fanático promotor. Hay más. También santificaría al golpista Vizcarra e hizo lo mismo con Sagasti. En sus propios términos, Mario Vargas Llosa jodió al Perú. Lo hizo restaurando el odio político entre su gente, encumbrando temerariamente en la presidencia del país a cinco inquisidores, falsarios y corruptos.

Hoy Perú está intoxicado de pasiones extremas. El político correctismo contra apristas y fujimoristas. La consecuencia es una anarquía institucionalizada. Ocurrió desde que Toledo, su primer patrocinado, utilizase la corrupción y la venganza como dogmas de gobierno. ¡Esto lo replicarían los regímenes de esos cinco presidentes impulsados por MVLL! ¿Resultado de las fobias vargasllosianas contra el Perú? Crisis moral, sanitaria, sociopolítica, financiera, y una descomunal confrontación. ¿Qué tal?