Las personas por lo general buscan sentirse bien por las compensaciones que le otorga la vida, algunas veces por herencia o por el propio esfuerzo. De una u otra forma, el ser humano busca ser gratificado, existiendo un común denominador de alcanzar una estabilidad social y económica que satisfaga las necesidades, como tener una profesión, la casa propia, el coche, ahorros, pertenecer a un club social, tener buenas amistades. Algunas personas, no las tiene, pero las busca, el tener una modesta economía no significa tener proyectos para una mejor situación, siempre debe anidar en la persona estar mejor de lo que se encuentra, sea cualquiera la situación en que se encuentren.
Si bien es cierto, lo material no da felicidad, paz, tranquilidad, sosiego, confort, pero sí viabiliza satisfacer necesidades que cumplen su ciclo y después qué te queda, si no has sembrado y cosechado, cultivado, el interior de cada ser, que busca encontrarse consigo mismo, que muchas veces logra, libertad económica, social, política, cultural, pero dista mucho de encontrarse con su mundo interior.
Lo que debemos tener bien claro es que las cosas materiales son pasajeras, que con el transcurso del tiempo son inexistentes, pero lo que nunca desaparece son las necesidades interiores de cada persona, que no están afuera, sino dentro de ti y que las transmites de generación en generación con los actos, obras, hechos, actitudes, que van a hacer internalizadas como modelo de vida a seguir y cultivar.
El mundo interior de cada persona es único, no le pertenece a ninguna otra persona, solamente a ti, que te hace distinto a otros, es el lugar donde anidan los sentimientos, las emociones, encontrarte con tu propia esencia, área que percibe la dualidad de la existencia humana, el lugar donde fluye el corazón dadivoso, en que no hay cabida para la envidia, sino los buenos deseos que les vaya bien a los demás, que se den su oportunidad de sentirse bien consigo mismos. Es el espacio donde percibes lo que sucede en el exterior, los efectos que te producen en el interior de cada persona.
La sensibilidad del interior permite que puedas concentrarte, sintiendo los acontecimientos humanos en la propia naturaleza, como el mar, el atardecer, la música, la brisa, el viento, la lluvia, el sol, el frio, el calor humano, la indiferencia de las personas, los sentimientos de los niños y adultos mayores que necesitan refugio, protección, el amor hacia el prójimo, a darte cuenta quién es la persona que está frente a ti, sentirte en una libertad interior plena, que no la compras con nada del mundo, sino construyendo y formando un corazón bueno, que los actos demuestren la calidad humana que posees.
¿Por qué hay personas buenas y malas? Las malas nunca se han descubierto de que están hechos interiormente, nunca tuvieron la oportunidad de buscar su ADN; y si lo tuvieron, no le prestaron importancia, se quedaron conformes con lo que eran, no se esforzaron a ser distintos, perdieron la fe, la esperanza de cambiar su vida para bien y sin eso viene el fracaso y la derrota. En cambio, las buenas se percataron que las cosas materiales se acaban, tienen un tiempo de vigencia, en cambio, un corazón nutrido de fe, esperanza, lucha constante de ser cada día mejor contigo y los demás, comprendiendo al ser humano que no puede vivir sin ideales, sin sentimientos y logros, que otorgan paz al ser humano.

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