Esta campaña electoral será diferente a todas las anteriores. La ansiada vacuna no llega. La pandemia está fijando las reglas de juego.

A cuatro meses de las elecciones, las encuestas publicadas aún no permiten vislumbrar un ganador. Hay un “puntero mentiroso” que lleva varios meses encumbrado, más por la emoción de quienes lo querrían ver gobernando, que por el reflejo de la intención de votar por su candidatura. Mientras una encuestadora evidencia su drástica caída, otra lo sigue viendo sólido en la punta, sin ningún competidor que amenace su liderazgo.

Históricamente las encuestadoras no han coincidido, al inicio de las campañas, en el análisis de las tendencias. Es recién en el último tramo que repentinamente aparecen candidatos que antes estuvieron escondidos a media tabla y de pronto dan un gran salto para ubicarse entre los punteros. Las encuestas son la foto de un momento y una referencia importante para orientar las preferencias de la gente. Sus cifras sólo pueden confrontarse el día de la votación. Por eso, casi siempre, en la última encuesta todos aciertan con el ganador.

El lunes, Hernando de Soto ha hecho una denuncia sobre cifras que supuestamente trabajarían organismos del Gobierno, que difieren diametralmente con las que vemos publicadas. Siempre he escuchado que los gobiernos trabajan sus propios estudios, sólo que ahora se habrían filtrado. ¿Deberían preocuparse las empresas encuestadoras?

Por otro lado, la prensa y los espacios periodísticos importantes han influido en los últimos resultados electorales. Por ello habría que exigirles compromiso ético con la verdad, para no volver a ver vergonzosos reportajes con denuncias de última hora que hoy, después de cinco años y cuatro presidentes, los medios no han podido probar. Se espera de ellos objetividad en la información y equidad en la cobertura informativa. Todos los candidatos deberían acceder a espacios para difundir sus propuestas.

En esta campaña las redes sociales serán protagonistas. Además de ser el medio que viralizará los contenidos más relevantes, será el censor y severo juez de los candidatos. A pesar que su penetración es ahora más masiva, todavía no influye en las zonas periféricas. Por esta razón va a seguir siendo importante el contacto con la gente. Demandará más esfuerzo y tiempo por las limitaciones y normas que regulan las concentraciones masivas. Los polos y viseras serán reemplazados por mascarillas y protectores faciales. Los mítines en las plazas donde se reunían con sus simpatizantes se llevarán a cabo en las Pla-Zoom, modernos auditorios digitales, a los que accederemos sin salir de casa.

La campaña se luchará en todos los frentes, especialmente en el terreno digital, que viendo su lado positivo enfrentará con la dura realidad a los candidatos elegidos por llevar regalos, sin dejar una sola propuesta.

Luis Otoya Trelles