El festín de corrupción que vivió el Perú –particularmente en las primeras dos décadas de este siglo- ha sido inconmensurable. Presidentes coludidos con sendos contratistas “amigos” le han robado a los peruanos decenas de miles de millones de dólares. La metodología fue licitar obras faraónicas a precios estrambóticos –la Línea 2 del Metro, por ejemplo, costará más de US$7,500 millones; “remodelar” la refinería Talara pasará los US$6,000 millones; el gasoducto del Sur está presupuestado en US$7,500 millones y la lista es larga- mediante contratos fraudulentos que permitían modificar las bases –particularmente sus costos- a través de estafas llamadas adendas.

Así registraban los licitantes y constructores las comisiones acordadas con las autoridades. Recordemos que Toledo, Humala, Kuczynski y Vizcarra vienen siendo investigados por la Fiscalía por apropiarse de decenas de millones de dólares bajo esa modalidad. Probablemente jamás se conocerá la verdad –o toda la verdad- aunque hasta ahora las evidencias de semejante asalto al país no dejan lugar para dudar sobre aquel robo.

Evidentemente esta macro operación de estafa nacional englobó a muchísima gente de la más selecta elite del Perú. Aquello dio lugar a un maremoto grado diez entre las altas esferas políticas, económicas y judiciales. Y a su vez ello abriría toda una tesitura defensiva entre las desconcertadas “fuerzas vivas”, encaminada a trazar una reacción conjunta orientada a dinamitar la escasa institucionalidad que aún existía en el Perú. Esto –digamos- a manera de arma poderosa para socorrer a sus socios corrompidos. ¡Todo esto, sin embargo, agudizó la descomposición de nuestra todavía adolescente democracia! Lo reflejan los cuatro mandatarios que ha habido durante el quinquenio que acabará este año; el golpe de Estado que trajo abajo al Congreso; y ene quiebras constitucionales, normativas, principistas, etc., que ha soportado la nación. ¡Y seguirá soportándolas por mucho tiempo más! Entre tanto, el eje del mal –Odebrecht- quedó impune gracias a un acuerdo secreto –y traidor- firmado por los fiscales Pérez Gómez y Vela Barba y aplaudido por las “fuerzas vivas peruanas”. Vivas, les llamamos, por su aprovechamiento criminal del dinero de los peruanos. Hablamos de las mismísimas “fuerzas vivas” que, mediante encuestas fabricadas a su pedido, publican los medios de comunicación vinculados directa e indirectamente a Odebrecht y al mafioso club de la construcción, para manipular a la ciudadanía a que vote por un improvisado más, de apellido Forsyth. Este presumiblemente sería el escogido para guarecer a esa camorra de tagarotes que, con desesperación, busca seguir utilizando al Perú como su botín.

Pero ese pacto secreto Fiscalía-Odebrecht ha recibido un misil en la línea de flotación. Sunat ha demandado a los fiscales Vela/Pérez por condonarle a Odebrecht alrededor de S/ 1,000’000,000 por delitos de defraudación fiscal, condonación aplaudida por el jet set de este país. El hecho prueba la voracidad de Odebrecht y la connivencia de los fiscales, al prestarse a condonar deuda tributaria que no era de su competencia por cuya eliminación, posiblemente, dicha constructora habría ofrecido una “recompensa”. Ojalá el poder Judicial no se arrodille y procese esta justificadísima demanda.