Explicábamos ayer por qué –a juicio nuestro- las fuerzas vivas (el jet set empresarial) han destruido el Perú. ¡Lo peor, amigo lector, es que siguen destruyéndolo! Su meta es tener en palacio de gobierno a un pelele que les sirva de pararrayos para evitar que la Justicia actúe como debe. Destapando, denunciando, procesando y condenando a esa camorra de “grandes empresarios” corruptos de nuestro país, que robaron cientos de millones de dólares a los peruanos vía la gran mafia orquestada por Odebrecht. Por eso es que nuestras “fuerzas vivas” mantienen a un incompetente como Sagasti y por eso también vuelcan todo su esfuerzo para imponernos durante cinco años más a otro paracaidista, como sería ese tal Forsyth. Las “fuerzas vivas” necesitan a un tonto en el poder, para manipularlo mientras este la pase bomba con dinero suyo, amable lector.

No hay otra explicación que la ineptitud para describir al bucólico Sagasti. Como antes al mitómano golpista Vizcarra, sucesor de Kuczynski, otro chapucero como presidente que reemplazó al comandante Humala, quien renunció a sus aspiraciones comunistas a pedido de Mario Vargas Llosa, arquitecto de este entramado criminal de presidentes subnormales –aunque capaces, como nadie, para estafar al Perú- que han manejado tan mal este país por cortesía del Nobel, dizque para evitar un gobierno pro fujimorista. Recordemos que esta saga de malandrines la inauguró Toledo.

Sin embargo, desde la llegada de Vizcarra al gobierno -reiteramos, santificado por el Marqués Vargas Llosa- lo que están padeciendo millones de peruanos es un auténtico holocausto. Porque sólo durante los últimos once meses han muerto ciento veinte mil compatriotas, víctimas de la temeridad de Vizcarra –hoy de Sagasti- debido a su total desconocimiento del arte de gobernar una nación hirsuta como la nuestra. Todo indica que esa cifra podría duplicarse o más, por el afiebrado repunte de contagios del covid a consecuencia de la anarquía gubernamental por no instruir a los ciudadanos durante las fiestas diciembrinas y, además, por instigar las asonadas callejeras en connivencia con la izquierda, hecho que Sagasti utilizaría de trampolín para instalarse sine die en palacio de gobierno pues cada vez es más claro que permanecerá sin fecha de salida.

¿Resultado? Perú quizá sea el único país del planeta que no tiene contratos firmados para adquirir vacunas. Esa historieta de las vacunas que nos contó Sagasti fue sólo un cuento chino. Porque China enviará vacunas SÓLO para inocular a 450,000 personas. Ayer la ministra Mazzetti confirmó esto: “Seguimos negociando con Pfizer y estamos en lo mismo con AstraZeneca y Moderna.” Es decir el régimen Sagasti sigue en nada. Entre tanto, el millón de vacunas (dos por habitante) pagadas a China -y anunciadas con bombos y platillos por el inútil Sagasti- sigue sin fecha de arribo. Otrosí. Mazzetti también manifestó que el Gobierno “ha ordenado la compra de camas UCI y plantas de oxígeno”. Medidas que debió adoptarlas apenas instalado, consciente de que lanzó a las calles a miles de jóvenes para contagiarse, incitándolos a protestar contra Merino.