Cuando hablamos de miserias no nos referimos a las carencias materiales sino a las espirituales, que han degradado al ser humano hasta convertirlo en persona insensible, malo, machista, matriarcal, sin capacidad de colocarse en el lugar de otras personas por el solo hecho de sentirse bien y manipular a la gente como le viene en gana.

Las miserias humanas no aparecen en la sociedad por arte de magia, son ocasionadas por el propio ser humano en los diferentes escenarios de la vida, como el económico, político, social, educación, salud, justicia, donde el sentido común se obnubila por los intereses creados que no responde a las necesidades de las personas sino a los intereses egoístas de las propias personas.

Es inexplicable como le han podido otorgar libertad al ex policía que dio muerte al afro americano George Floyd, bajo fianza, sin tener en cuenta la forma y circunstancia en que se produjo el hecho sangriento. Ustedes creen que este ex policía lo volverá hacer por supuesto que sí. No existe remordimiento, no ha tomado conciencia de lo ocurrido, la vida de un ser humano no tiene valor. Si bien es cierto, las leyes no son iguales en los países pero debe existir un sentido de justicia, que consiste en darle la razón a quien la tiene y no valerse de tecnicismos legales para otorgar una libertad a quien no se la merece, porque el propio juez le pudo denegar la fianza y continuar privado de su libertad hasta el juicio e imponerle la sanción justa. No puede prevalecer lo económico frente a una vida humanal. Seguramente ese mal ex policía homicida amanecerá muerto en algún lugar. Hay dos formas de que el ser humano entiende las cosas, una por la “razón” y dos por la “fuerza”. La razón de la ley revestida de las formalidades que pueden ser legales pero no son justas y se convierten en violencia porque la sociedad no tiene respuestas justas.
Cómo es posible en pleno siglo veinte y uno, la mujer en el Oriente sus derechos se encuentren mancillados, son seres que para el varón son un objeto que reciben órdenes y las cumplen sin ninguna clase de observación, caso contrario sus vidas se encuentran en riesgo de morir.

Conocí el caso de una familia musulmana que vino a América y la hija empezó a relacionarse con las personas que profesaban diferentes religiones, hábitos, costumbres, formas de pensar, logrando enamorarse de un joven americano, que a ninguno de los dos les interesó las religiones que profesaban sino el sentimiento que habían desarrollado como pareja, en una forma espontánea, auténtica y con mucho amor. Esta relación sentimental llega a oídos de los padres de la joven, inmediatamente se opusieron porque el enamorado no era musulmán, tal fue la presión y tensión de los padres hacia la hija, que ésta decidió irse a vivir a la casa del enamorado, que fue acogida con mucho amor por los padres, brindándole todo el soporte emocional. Esta situación fue inaceptable por la familia de la joven y fue la gota que rebasó el vaso, porque está actitud de la hija, significaba desobediencia, deshonor y en represalia el padre tomo la decisión de darle muerte a la hija, en lugar de ser flexible de pensamiento y corazón con la finalidad que sean felices, prefirió matarla por ser un religioso fundamentalista.

El propio ser humano es explotador de su propia especie cuando nos referimos a la trata de personas por explotación laboral en condiciones infrahumanas, que inclusive se les prohíbe ir al servicio higiénico hasta la hora de su refrigerio donde la persona tiene que condicionar sus necesidades fisiológicas al trabajo, donde las horas de sobretiempo no son pagadas, ni mucho menos cuentan con seguridad social, el sueldo no está de acuerdo con las funciones que realizan, no cuentan con implementos de seguridad, sin embargo aceptan estas condiciones porque tienen familia.

“Siempre hay que escuchar al ser humano para saber las acciones que debemos tomar en beneficio de la humanidad y corregir y sancionar las miserias humanas en aras de la paz y libertad interior”.