Hemos sido testigos en las últimas semanas de multitudinarias y pacíficas manifestaciones de peruanos que exigen que se respeten sus votos emitidos en la segunda vuelta electoral. No es, pues, como dice el cártel mediático, una movilización exclusiva de adeptos de Keiko Fujimori, sino de ciudadanos de todas las sangres que, ante el rosario de irregularidades ocurridas en la elección del 6 de junio (también las hubo en la primera vuelta, pero ya es demasiado tarde), quieren descubrir la verdad. Y solo conociendo esta podrá el siguiente presidente, sea quien sea proclamado, asumir con la legitimidad necesaria para gobernar un país dividido en dos.
No es tampoco ninguna pataleta de un sector que se considera perdedor y que teme perder sus “privilegios”, como han expresado cientos de caviares en un comunicado, en donde estos exigen que se corone con urgencia a Pedro Castillo como presidente de la República. Solo me ocuparé, por cuestión de espacio, de dos nombres de esta lista: María Antonieta Alva y Salvador del Solar. La extitular del MEF pontifica desde Suiza, cuando, gracias a su nefasta gestión de cierre total de la economía, provocó que la pobreza suba en 10% (3 millones de nuevos pobres), ubicándose en más del 30%. En cuanto al expremier, no podemos dejar de recordar que entró pateando la puerta del Hemiciclo para ayudar a que el lagarto Martín Vizcarra aseste un golpe de Estado, al clausurar el Parlamento de manera “fáctica”.
Otras activistas de izquierda que también están desesperadas por la pronta asunción de Castillo son las corresponsales Paola Ugaz (ABC) y Jackeline Fowks (El País). Ambas han escrito en sus sendos reportes, en los que solo consultan a los integrantes de la cofradía caviar, que el “humilde” profesor (¿cómo es que este maestro rural es gerente general de una constructora en Chota, por la que pagó 18 mil soles para su conformación?) ya es el vencedor de los comicios.
A ellas se le suma el morado Francisco Sagasti, sentado hoy en el sillón de Pizarro a partir de las violentas marchas de la generación engañada que culminaron, lamentablemente, con la muerte de Inti y Bryan. Sagasti levantó el teléfono y, sin conocerlo, llamó al Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa para que haga que Keiko Fujimori acepte su derrota, pues él tenía “su propia matemática”. Si bien Vargas Llosa ha negado diplomáticamente que el dignatario haya ejercido presión en este sentido, el tuiter que escribió su hijo, Álvaro Vargas Llosa, es revelador, dado que ahí se exhorta a que las autoridades electorales actúen “sin interferencia política”.
Para eso es que son necesarias las manifestaciones que mencioné al inicio de esta columna. El cuestionadísimo Jurado Nacional de Elecciones, presidido por el comunista Jorge Salas Arenas y sin los 5 miembros con los que debería contar, tendrá que revisar públicamente todas las apelaciones a las nulidades de mesas (incluso las que fueron ingresadas después de las 8 p.m.) que fueron declaradas infundadas en primera instancia y las actas observadas. Todo ello, por supuesto, con el padrón electoral para confirmar si es que han existido firmas falsas. Recién después de culminado este proceso podremos conocer, en unas dos semanas aproximadamente, a nuestro siguiente gobernante. Y, si ganase Castillo, los ciudadanos que hoy alzamos la voz sin miedo tendremos que volver a movilizarnos apenas este intente quebrantar la Constitución. La libertad y la democracia se defienden cueste lo que cueste.

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