En la primera parte de este artículo comentamos algunos aspectos legales que a primera vista del emprendedor pueden parecer “innecesarios”, pero los hechos muestran que la dificultad para el auge del emprendimiento tiene también que ver con riesgos convertidos en costos no planeados, una gran limitación para que sobreviva. En esta segunda parte abordamos los temas a considerar para cuidar la relación con los grupos de interés que rodean al emprendimiento, así como evitar aprender “a la mala” el funcionamiento de las regulaciones:

¿Cómo nos relacionamos con proveedores/trabajadores/clientes? Esto es particularmente importante. Un emprendimiento no es un cheque en blanco, pero muchas veces se asumen compromisos sin comprenderlos del todo o se trasladan riesgos y responsabilidades a veces simplemente por una redacción inapropiada. Las malas decisiones son variadas: desde contratar “por ser amigos” (que después no hay como despedir), hasta “ahorrar” buscando en internet condiciones o modelos de contratos para hacer copy-paste. Lo barato sale caro en estas decisiones y crean malestar en cualquiera de estos grupos de interés. Las relaciones contractuales (términos y condiciones) deben servir para proteger de problemas, no crearlos y por ello se debe contar desde el inicio con la asesoría adecuada.
¿Protegemos nuestra propiedad intelectual? Ese logo que parece meramente decorativo al inicio del negocio puede adquirir un valor mayúsculo con el tiempo, al punto que sea de mayor interés que cualquier proceso, canal de distribución o incluso que el producto que le dio origen. Los fundadores, y luego los inversionistas, lógicamente buscarán proteger este valor, pero no responder esta pregunta puede llevar a errores al elegir la clase, utilizar nombres descriptivos o crearse uno mismo un problema legal al no anticipar conflictos con nombres previamente registrados.

¿Esta actividad requiere permisos o cumplir con regulación? Sí, la tramitología estatal es mal necesario (diferente es discutir cómo mejorarla) pero las regulaciones existen para procurar “igualar el terreno”, que todos tengan los mismos derechos y deberes al competir y ofrezcan bienes y servicios adecuados para los usuarios. Desde aspectos mínimos como la licencia de funcionamiento hasta las normas de esta realidad digital contemporánea como el manejo de datos personales. La consecuencia de pasar esto por alto es más que notoria: exponerse a tener que pagar multas muy altas.

Tomar todas estas preguntas y tacharlas como una lista de mercado puede no ser (de hecho, no es) fácil, pero tener la “casa ordenada” en lo legal es igual de importante que tener stock y otros recursos para crear valor agregado; es asumir verdaderamente la visión de un emprendedor quien, como el jugador de ajedrez, debe tener una estrategia con cinco pasos por anticipado.

Raúl Díaz Anderson-Miembro del Área Corporativa del estudio Torres y Torres Lara Abogados