El culpable de este zafarrancho electoral que colocará al Perú -¿todavía es posible?- en mucho peor talante, es este mendaz, inepto e investigado por corrupto Martin Vizcarra, enemigo público número uno del país. Mintiendo con el cuento de “acabar con todos los malos dirigentes y contribuir al fortalecimiento de nuestro sistema democrático”, este infeliz nos encajó un conjunto de normas perversas que cambiarían el sistema electoral precisamente para favorecerlo, al promover estas una verdadera anomia electorera que favorece la aparición de decenas se candidatos a la presidencia, además de centenares de postulantes al Congreso, que no reúnen la más mínima calificación. ¡Empezando por la catadura moral, principio fundamental para combatir la corrupción! Pero, ¿qué menos podía esperarse de un imputado por corrupción que -como lo demuestran sendos videos grabados por su personal de confianza- mintió al país y engañó a la Justicia al urdir una trama para esconder pruebas de delitos perpetrados desde la misma presidencia de la República; de quien ha gestionado de una manera infame la pandemia propiciando la muerte de decenas de miles de peruanos; y de quien, entre otros delitos, habría recibido comisiones del cartel de la construcción a su paso por la gobernación moqueguana? Pero quien, además, hoy pretende blindarse durante un lustro apelando a la “impunidad” parlamentaria, a la espera de que prescriban sus crímenes. De modo que Vizcarra ni ha batallado ni batallará contra la corrupción. ¡Todo lo opuesto! La ha evitado. Pues gracias a las pervertidas reformas políticas que nos impusiera, estas elecciones caóticas habrán de favorecerle impidiendo que lo acuse la Fiscalía al estar amparado por la “impunidad”.

Repasemos en qué consiste esa infausta “reforma política” del siniestro Vizcarra, ideada por otro falso valor llamado Fernando Tuesta. Primero, eliminó las firmas de adherentes para inscribir un partido, alentando la participación de ilustres desconocedores del arte de gobernar como Forsyth, guardaespaldas digitado por Vizcarra, y de muchísimos otros insignificantes, orondos de portar la etiqueta de candidato a la Presidencia. Luego asalto al fisco, obligándolo a financiar campañas de sendos menesterosos. Asimismo, las elecciones primarias en los “partidos” las utiliza el jurado electoral como trampa para separar de la contienda a quienes no simpaticen con el progre-marxismo afín a Vizcarra y Sagasti. Y la tontería de la paridad -que desplaza el principio exitoso de la meritocracia; es decir, privilegiar las mentes más brillantes- la ha sustituido por esa cursi “alternancia de sexo”, exhibiéndola como triunfo para el país cuando justamente propiciará todo lo contrario.

Cómo será de nefasta la citada reforma política del sinvergüenza Vizcarra que le ha permitido candidatear a parlamentario, sin respetar el plazo para renunciar -seis meses antes- al cargo de presidente de la República. También bajo esa misma reforma falsaria Sagasti tuvo el cuajo de postular a la vicepresidencia del país por el tramposo partiducho moradito que, de contrabando y gracias a la progresía marxista, ahora gobierna nuestro país. Bastaría citar estos ejemplos, para darse cuenta de que el canalla Vizcarra planeó el fraude en que se convertirán las elecciones 2021.