El año pasado muchos expertos anunciaban que al 2030 era imposible que los países, especialmente pobres, cumplieran los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), acordados en las Naciones Unidas para eliminar la pobreza en el mundo y abrir las puertas a la prosperidad mundial.
Ahora, en apenas ocho meses, estos pronósticos son más válidos debido a la crisis mundial ocasionada por la pandemia del Covid–19. Todas las naciones están siendo golpeadas en sus estructuras políticas, económicas, sociales y ambientales; incluso algunos vaticinan la aparición de nuevos modelos de desarrollo y el consecuente derrumbe del sistema capitalista que tanta desigualdad social, injusticias y daños al planeta ha ocasionado desde hace más de tres siglos. Incluso se plantea un nuevo orden mundial basado en la economía solidaria, el humanismo, la convivencia pacífica y la justicia social.
Por lo pronto, Latinoamérica –e incluyo países de África y Asia- no podrán alcanzar los ODS, porque están ingresando en una espiral negativa económica y social, que los haría retroceder a una situación similar a la década pasada, dada sus precarias economías primarias donde la demanda y los precios de las materias primas ha bajado ostensiblemente, reduciendo los ingresos fiscales, debilitando a los Estados, quebrando importantes sectores empresariales, disminuyendo la inversión pública y privada, presentándose fuga de capitales y una ola de despidos y pobreza a niveles de guerra.
Los gobiernos latinoamericanos en medio de una gran incertidumbre están concentrando sus políticas y presupuestos públicos básicamente en la mitigación y resiliencia social ante los terribles efectos del coronavirus, y esta tendencia continuará durante décadas porque deberán reorientar sus planes y estrategias nacionales, reestructurando y fortaleciendo prioritariamente sus sistemas de salud, educción, agua y saneamiento, seguridad social, empleo de subsistencia, reducción de la informalidad y evasión tributaria, distorsiones en el mercado, y seguridad alimentaria de los pobres.
Los demás temas de desarrollo nacional –incluyendo la lucha contra el crimen y las políticas ante el cambio climático–, siendo complementarios e igual de importantes, pasarán a segundo plano debido a las limitaciones presupuestales, tecnológicas y debilidad de sus Estados, que siguen siendo corroídos por la corrupción y la ineficiencia pública, que les impide construir gobernanza, lo que está provocando el ensanchamiento de las brechas sociales.
Latinoamérica –y los demás países subdesarrollados del planeta– están soportando desgraciadamente una situación inmanejable de recesión económica y desconcierto político, que profundizará sus viejos problemas sociales. Es necesario que las Naciones Unidas replantee y postergue el cumplimiento de los ODS al 2050; y por qué no decirlo, reestructure su anquilosada organización, ante el cuestionamiento y el fracaso de la Organización Mundial de la Salud (ODS) ante el repentino cambio de la realidad mundial debido a la pandemia que no sabemos cuándo va a terminar.
Periodista y sociólogo

POR: LUIS LUJÁN CÁRDENAS.