Las calles tomadas por la muchedumbre obligaron al régimen chileno a la convocatoria a una constituyente para modificar o cambiar su Constitución, dependiendo ahora de la mayoría o minoría que tengan los sectores más radicales que propugnarán no solo un cambio institucional sino, fundamentalmente, la sustitución del sistema de gobierno, todo lo cual tuvo como causa la ceguera del liderazgo económico, político y social que no miró cuán lejos se quedaba la clase media y la subempleada de los monopolios y oligopolios concentradores de poder, en relación con salarios insuficientes y un costo de vida encarecido con nocivos efectos en el nivel de vida de la mayoría de su población, a pesar del gigantesco crecimiento económico logrado por Chile.
En Colombia, la torpeza gubernamental al proponer una reforma tributaria que iba a golpear salvajemente a la clase media y a los sectores menos pudientes justo cuando la pandemia ha sacudido y destruido la economía de un mundo de gente y de negocios, también ha provocado la toma de las calles por una multitud enfurecida con un saldo de más de una veintena de muertos y, según últimas noticias, también la renuncia del señor Duque a la presidencia de la República, lo que, de confirmarse, dejaría a su país conmovido por un vacío de poder con una derecha debilitada y una izquierda con unas Farc muy activas y un ELN levantado en armas que podrían aprovecharse de una población enceguecida por la cólera y también la frustración.
En el Perú, la torpeza del liderazgo político, económico y social, agravada porque no hay presidente que no esté sometido a procesos penales por el delito de corrupción con sus ministros y funcionarios, también ha provocado un divorcio entre los que controlan la economía con sus monopolios y oligopolios en todos los sectores con la población más necesitada y empobrecida hasta niveles de subsistencia, todo lo cual ha colocado al país en una terrible disyuntiva política que se definirá en la segunda vuelta electoral.
Frente a un dilema para decidir entre una democracia y un totalitarismo comunista, la elección por el sistema de libertades y protección de los derechos fundamentales parece obvia, pero no lo es, cuando la cólera y el resentimiento se apoderan de la psicología colectiva.
Es necesario que el sector democrático no solo proponga medidas de gobernanza sino de cambios profundos en la institucionalidad con una guerra sin cuartel contra monopolios y oligopolios.

 

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