José Carlos Ramos no es el primero, no será el último, para quien la muerte viene con merecido homenaje luego del aún fresco funeral que no recibió ni la miga de los panes y tortas ofrecidos a otros ausentes. Y no es que JCR fuera un desconocido opaco oculto perdido o el recién descubierto genio con brillante lámpara. No. José Carlos es un pintor de pincel fino cultivado en los fáciles cincuenta años de constante, ordenado y proyectado trabajo sustentado con pruebas al canto y al centro. Desde sus años de estudiante en la Escuela de Artes Plásticas de la Católica. Egresó en marzo de 1970, creador y dueño de su inconfundible estilo, manera, temática y morenadas mantenidos y desarrollados con disciplinado incansable ritmo de trabajo que generó una gran producción, mucha sin exponer ni vender. Es posible que al divulgar y conocerse la que hasta el 19 de abril se muestra en el homenaje de la sala Luis Miró Quesada, Miraflores, se despierte interés y sus precios paguen su oficio con historia y calidad, confirmadas internacionalmente.

Muchas veces, los que José Carlos pedía, entonces, parecían desorbitados y caprichosos, pero él sabía justos y quería y esperaba recibirlos por cada uno de sus trabajos logrados con intención, pensamiento y, repitiendo digo, gran calidad de oficio.

Fuimos amigos con cercanías y lejanías, con afectos y silencios, sabiéndonos, compartiendo charlas, riendo, rajando, escuchando sus majaderías o poniendo oído necio, entregando y negando, lo hice, cuando para su última muestra en la galería de Yvonne Sanguinetti pidió apoyo de estas Crónicas.

Lo vi trabajar sus cartongrafías en el taller de la calle Belén, en el segundo piso de la casona en la esquina de Torrico y Mogollón lo vi pintar. Coincidimos en Bogotá en 1968, tenía comentadísima muestra, yo estaba con el TUC para el Primer Festival de Teatro Universitario de Manizales, días de aplaauusoos. Con Ciro Palacios y Pancho Mariotti estuvimos en la Bienal de Sao Paulo en el 69. Escribí un texto en mi sección Para Ella Para El Para Todos, revista 7 Días. Tiempo después para Galería 9 usó uno que amasamos y combinamos. En 1974 fue el segundo y último amigo que llevé a mi Propuesta 128. Desde entonces tengo su primer cuadro de caballos, tema con que marca una extensa zona de su creación en la que también habitan tigres, elefantes, ordena visiones urbanas, construye paisajes de sierra, desborda naturaleza con flores y aves, se regodea con los huevos fritos, los refinados retratos, los marcos enriquecidos de personajes trabajados con pasta de harina de papa, así decía, sus fugaces endurecidos y esos azules mapas astrales. Uno era mi retrato.

Al partir abre una nueva página en su vida.

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