Una fiesta mortal organizada impúdicamente por doloso afán de lucro por un empresario en momentos cruciales para la vida de todos, a la que asistieron 120 irresponsables sin respetar el legal mandato de la autoridad para evitar que el mal del Covid-19 se extienda aún más, se convierte en una advertencia y lección. El castigo no les dio el virus sino ellos mismos ocasionaron su muerte al tratar de huir de la intervención policial.
Es una severa lección para los peruanos y la humanidad. Todos están advertidos de las disposiciones para no hacer lo que es un medio para el contagio colectivo. Queda demostrado que de los indisciplinados concurrentes que han muerto 11 estaban contagiados y de los 23 detenidos 15 dieron positivo al Covid-19.
A pesar de la severidad de las normas y públicas y las advertencias que se difunden, organizador y fiesteros han actuado irresponsablemente con indisciplina y temeridad. Son inconscientes, indisciplinados o ignorantes. No han medido las consecuencias de sus actos para ellos mismos.
En este marco de desobediencia e indisciplina personal y colectiva la desgracia del hecho ha llegado a los miembros de la policía. ¿Ha pensado el propietario de ese ilegal negocio del daño que ha ocasionado?
Lo ocurrido es una lección colectiva y una advertencia a toda la sociedad de lo que no se debe hacer.
Que las personas salgan de sus viviendas no es ilegal ni inmoral si lo hacen justificadamente pero dentro de los límites de las disposiciones legales del momento. Todos deben acatar las medidas individuales y colectivas por auto protección y actuar razonablemente con autodisciplina y corrección personal, familiar y social.
Estamos en un momento crucial. Aún no hemos llegado al límite del desarrollo de la epidemia. Ante hechos como el ocurrido en la discoteca del Distrito de Los Olivos las autoridades policiales, fiscales y jueces deben actuar con severidad para que se acaten las medidas de autoprotección y aislamiento social y ser severos en la inmediata imposición de las sanciones establecidas. El objetivo es evitar nuevos actos irresponsables y absurdos para que no se produzcan más muertes y desgracias familiares y sociales. También evitar que la enfermedad se extienda aun más.
La irresponsabilidad de los fallecidos, detenidos y de los que fugaron no sólo es un castigo irreversible para ellos y los detenidos, sino una lección conmovedora para todas las colectividades.