Cuando se asume un cargo, sea público o privado, la persona deja de ser él y se convierte en quién representa. En el caso del señor Pedro Castillo, por ejemplo, él ya no debe actuar como un ciudadano más, sino que debe sujetarse a los beneficios y costos de ejercer la institución de la presidencia de la república. Sin embargo, desde que asumió el cargo ha tenido diversas conductas que van contra la institución que representa. Veamos.
El político con poder muchas veces “flaquea” y se sumerge el propio poder que él tiene; es decir el poder que él posee es más poderoso que él mismo. Es allí donde el poder lo domina y siente que él lo es todo y empiezan los comportamientos, inconscientes o no, dictatoriales.
La historia nos ha demostrado que los dictadores empiezan a crear nuevas reglas y símbolos dejando de lado la institucionalidad y asumiendo una personalidad megalómana pensando que su designación ha sido divina y que ha sido tocado por la mano de Dios. Así, empieza a mostrarse como uno más del pueblo, asume que su modelo de sociedad es el modelo de sociedad del pueblo, al conectarse con las masas trata de sembrar en el inconsciente de la población que él es como todos, viste sin lujos, toma prendas de alguien que se identifique con el pueblo, empieza a dar mensajes populistas y trata de dividir la historia en “antes que él y después de él”.
Durante el discurso del 28 de julio el presidente ha tomado algunas “poses” y ha dado algunos mensajes, verbales y no verbales, que podrían ir caracterizando cierto comportamiento peligroso: al dejar de reconocer la sede de gobierno, usar sombrerito habiendo terminado la campaña electoral, usar una vestimenta que caracteriza a líderes dictatoriales, proponer las rondas urbanas, cuando sabemos que ello podría ser interpretado como una policía popular tipo cuba o la que dio inicio a las guardias hitlerianas, la unificación del sistema de salud, son algunos rasgos que debemos tomar en cuenta y empezar a leer el “entre líneas” de lo que haga y deje de hacer.
El gabinete ministerial, por ejemplo, ha creado un gran debate, al incorporar personas con cuestionamientos, y que generan una lectura de querer crear normas que buscan una sociedad controlista. Ojo mucho ojo.

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