Liberales

Liberales

Sabemos del debate ideológico entre los Gálvez y Herrera en el siglo XIX. Tiempos en los que se debatían ideas, y las falacias eran un insulto a la razón. Desde allí hubo poco, Durand y el Partido Liberal, Pedro Beltrán desde La Prensa y el Ministerio de Hacienda (gestión exitosa por cierto). A fines del siglo XX nada orgánico para las ideas liberales en un mundo dominado por el keynesianismo, la bandera roja y la CEPAL ¿Quién se atrevía a llamarse “liberal” entonces?

Para los libros y la academia Hayek, Rothbard y Mises no existían, el Estado lo era todo, pero lo era para mal. Nadie reparaba que toda experiencia liberal era exitosa. Qué mejor prueba para la tesis de Smith, aunque el cúmulo de experiencias importara menos que la sensiblería marxista. Ser intelectual era ser de izquierda, dominar un léxico propio, manipular antagonismos, enajenar la lógica a una falsa disciplina y, desde luego, ser popular, ganar elecciones estudiantiles, sumar plazas y organización. Mientras la izquierda construía un léxico propio (como Hegel, de la retórica incomprensible nace la admiración), los liberales ni intuían que lo eran. Por escasa definición e inmovilidad perderían pronto la bandera de los derechos humanos, conquista liberal. A decir verdad, la oportunidad de afianzar el liberalismo nació a mediados de los 80, especialmente desde las páginas de este Diario. Fue un avance frente al estatismo de entonces y a la impertinencia por “falta de demostración científica” de los intelectuales socialistas. Expreso se dispuso a dar batalla por la libertad. Manuel D’Ornellas, Jaime de Althaus y otros periodistas nutridos de la filosofía liberal soltaron fuegos y acompañaron la aparición de “El otro sendero”, de Hernando de Soto y a Mario Vargas Llosa. Con el escritor vino Popper, Berlin y lo demás. Por desgracia, la oportunidad de construir una cultura de la libertad se perdió cuando el Nobel deshizo su partido sin heredarlo, sin formar intelectuales y pateando la Historia hacia atrás. Decenas de liberales derivaron al fujimorismo cuando no desertaron hacia sus vidas privadas.

La ideología es un tema cultural (allí precisamente donde la izquierda gana terreno) y atañe a cómo pensamos el mundo.  El liberalismo (no el progresismo) debe desplazar la certeza de que necesitamos un Estado que nos regule, decida nuestra educación, sancione por lo menos razonable, reste al salario, cierre el negocio, constriña, sume trámites y nos trate como idiotas a perpetuidad.

¡Se busca liberales!