¡Liberémonos del yugo caviar!

¡Liberémonos del yugo caviar!

A lo largo de lo que va del siglo veintiuno, con excepción de un breve interregno durante la gestión gubernativa del segundo gobierno de Alan Garcia, los restantes diecinueve años el Perú ha estado sometido a las redes criminales de la mafia caviar que, a través del omnipotente manipulador de países tercermundistas, George Soros y su camorra de representantes en el Perú –comenzando por Gustavo Gorriti Ellenbogen– secuestraron ideológica, política y fácticamente a Alejandro Toledo, consecuentemente poniendo a su gobierno al servicio de intereses transnacionales orquestado por el titiritero Gorriti y su comparsa de ideólogos de izquierdas, que se prestaron desde entonces a traicionar a la sociedad peruana sustituyendo a las autoridades electas en comicios democráticos. Lo hicieron apelando a un sistema de chantaje organizado para neutralizar el Estado, vía la Fiscalía de la Nación en clara connivencia con el poder Judicial y diversas dependencias estatales que, desde entonces, trabajan al servicio de una red caviar, suficientemente recompensada, mediante los fondos secretos que maneja Open Society, la meca de George Soros cuya sucursal peruana estuvo (o sigue estándolo) dirigida por un reconocido personaje que participó en la conducción del régimen Toledo.

Los dividendos que habría recibido esta organización gansteril son incuantificables, ya que se trata de veinte años del aprovechamiento de toda una nación, puesta a órdenes de un ente transnacional cuyos objetivos son aún secretos, y cuyo usufructo debe haberle generado muchas ganancias al titiritero Soros y a quienes le han ayudado a mantener en ese estado al Perú. Entre tanto, nuestro país ha sido destrozado moral, social, cultural, empresarial, financiera, económicamente, sin posibilidad alguna de resarcimiento de los responsables de semejante secuestro de toda una nación, a manos de unos fatuos, aventureros, comechados progresistas de esa indigna cultura caviar que se considera muy superior, siendo una verdadera escoria sin olvido ni perdón.

Hoy apenas empiezan a abrirse espacios en nuestro aparato estatal, dispuesto a encarar a los invasores asalariados por las oenegés extranjeras y extranjerizantes. El país espera que aquello sea síntoma de una reacción nacional a un cuarto de siglo de ocupación de todo el aparato estatal peruano. Suena difícil, porque cuentan con un brazo transnacional de justicia llamado la Corte Interamericana de Derechos Humanos – CIDH; y el clan caviar internacional reboza de dinero porque las oenegés siguen siendo un panal de rica miel para que muchos megamillonarios coloquen su dinero allí y descarguen sus impuestos, a cambio de que impongan sus caprichos y exigencias.

El fiscal supremo Alcides Chinchay ha iniciado una investigación preliminar contra Gustavo Gorriti, José Domingo Pérez y Rafael Vela Barba, motivada por las polémicas declaraciones del ex asesor Jaime Villanueva del Ministerio Público, quien imputó a estos tipejos de cercar al expresidente Alan Garcia, quien acabó acosado por Pérez, Vela y compañía, hasta quitarse la vida para evitar su injusta detención, acusado por jamás comprobados vínculos con Odebrecht.

Del desarrollo de este embrollo concluiremos si el país empezará a reaccionar –o no– contra el secuestro del Estado por los caviares.

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