La pesca de la pota y su aprovechamiento sostenible deben ser siempre prioritarios para nuestro Estado, y las políticas públicas deberían resguardarlas frente a cualquier peligro. Por eso resulta vital que los peruanos conozcamos las amenazas que penden sobre esta actividad, que sustenta a nuestra flota artesanal, la industria congeladora y decenas de miles de puestos de trabajo.

Entre 2014 y 2019, el número de barcos chinos que pescaron “oficialmente” desde la milla 201 del Mar de Grau, aumentó 142%, (de 261 a 631). Consecuentemente, las capturas en alta mar del Pacífico sur de dichas naves han disminuido en ese periodo de casi 6 toneladas por unidad de arqueo, a 2.14. También se ha evidenciado un aumento del riesgo de pesca ilegal. Gracias al trabajo de entidades que investigaron los hechos de manera técnica, hoy se tiene caracterizado el comportamiento transgresor como apagar los equipos satelitales por largas horas cuando se encuentran cerca al borde costero de Perú o falsear la posición. Organizaciones como Global Fishing Watch y HawkEye360 han logrado desenmascarar al detalle estas inconductas.

A nivel interno, la flota artesanal peruana, no ha podido avanzar en su proceso de formalización, debido a obstáculos burocráticos y la falta de definición de un objetivo común de Estado. Tampoco se ha modificado el Decreto Supremo Nº 002-2015-PRODUCE, para permitirles a estas naves el acceso al listado de barcos de la OROP-PS, entidad que regula la pesca de pota en aguas internacionales del Pacífico sur.

No es posible, en aplicación del enfoque precautorio para el manejo de pesquerías, que la flota China siga creciendo sin control en un contexto en el que prevalece la incertidumbre sobre los criterios mínimos para que esta pesquería pueda realizarse sosteniblemente. Perú debe liderar en la próxima reunión de la OROP-PS, a realizarse en enero de 2021, una propuesta para cerrar el acceso de más barcos de banderas de aguas distantes y permitir que los países ribereños puedan registrar debidamente a sus propias naves, para lo cual debería otorgárseles un plazo prudencial. Esto debe ir acompañado de una prohibición de transbordos en alta mar y una exigencia de observadores a bordo del 100% de los barcos industriales en la alta mar.

Debemos aumentar el nivel de coordinación con Chile y Ecuador para forjar un sólido grupo con intereses comunes en esta pesquería. Habilitar espacios de participación de los actores involucrados como pescadores artesanales, procesadores y exportadores. Finalmente, pero con la mayor importancia, no desvincular el ordenamiento de la pota a nivel regional, con el espacio nacional: flota formal, reglamento actualizado, mejores sistemas de información, etc.

A la nueva administración de PRODUCE, le compete la ardua tarea de pasar de la gestión pasiva en temas de pota en la OROP-PS en los últimos años, a una posición de liderazgo. Como dijo Martin Luther King, “Un buen líder no es un buscador de consensos, sino un moldeador de consensos”.