Hace 50,000 años, en la era del Paleolítico, vivíamos en un mundo lleno de peligro, teníamos prácticamente a toda la naturaleza en nuestra contra, ya sea el clima adverso, la falta de recursos o las fieras salvajes; es así que nos fuimos convirtiendo en seres sociales, viviendo y trabajando juntos, dentro de un círculo de seguridad, dentro de la tribu, con un sentido de pertenencia; recién al estar seguros, empezamos a cultivar la confianza y la cooperación; por ejemplo, se podía dormir tranquilo en la noche, confiando que otro integrante de la tribu estará atento al peligro; sin la confianza del uno en el otro, no habrá atención al peligro y nuestra supervivencia puede verse afectada.
En la actualidad, ocurre prácticamente lo mismo, el mundo está lleno de peligros, siempre habrá cosas que atenten contra nuestras vidas o que reduzcan nuestro éxito; pueden ser las oscilaciones de la economía, la incertidumbre de los mercados, el avance de las nuevas tecnologías o los competidores; todo esto ya es una constante y perdurará en el tiempo. Dentro de las organizaciones, existe el liderazgo, siempre hay alguien que toma la decisión o marca la pauta; cuando esto sucede, debe anteponer la seguridad y la vida de los demás, sacrificando sus comodidades y hasta los resultados para que las otras personas permanezcan y se sientan seguras; un líder debe ser capaz de hacer cosas extraordinarias.
Cuando las cosas no son correctas o no van bien, nos vemos en la obligación de gastar nuestro tiempo y nuestras energías para protegernos unos de otros; aquello, sustancialmente, debilita a la organización; solo cuando nos sentimos seguros dentro de una organización, combinaremos nuestros talentos y nuestras fortalezas, logrando trabajar en equipo e incansablemente para enfrentar cualquier peligro externo, así como para aprovechar las oportunidades que se presenten. El liderazgo, muchas veces, se parece a la paternidad; un buen padre siempre va a querer darle a sus hijos las mejores oportunidades, la mejor educación, corregirlos cuando sea necesario, con el anhelo de que ellos crezcan y logren mucho más de lo que nosotros podríamos.
Los trabajadores, muchas veces, sienten odio o resentimiento hacia sus jefes, no solo por sus desproporcionados salarios y demás beneficios, realmente lo hacen por no ser líderes, por no reunir las condiciones del liderazgo, consideran que sacrifican a su gente para lograr sus objetivos o satisfacer sus propios intereses; un gran líder jamás sacrificará a los suyos para salvar los números, preferirá sacrificar los números para salvar a su gente. Como consecuencia de la pandemia, por ejemplo, se han producido muchos despidos, obviamente justificados, mientras otros negocios han optado por el ajuste de salarios o la suspensión de labores; es evidente que, al no perderse el vínculo laboral, los trabajadores se van a sentir protegidos por los líderes de su organización y, cuando la situación mejore, van a desplegar todo el esfuerzo para recuperar el tiempo perdido.
El liderazgo es una elección, no es un estatus; existen muchos jefes, pero pocos líderes, aquellos ejercen poder sobre sus subordinados porque tienen autoridad sobre ellos, sin embargo, no son seguidos; existen, también, personas que no ocupan cargos directivos, no tienen autoridad, pero son líderes absolutos; esto se debe a que han optado por cuidar a las personas de su entorno, a aquellas personas que caminan a su lado. Un buen líder siempre va adelante, asumiendo el riesgo antes que nadie, elegirá sacrificarse para que su gente esté segura y protegida, pudiendo de esta manera afrontar cualquier desafío. Debemos buscar o cultivar ese tipo de liderazgo en nuestras organizaciones.

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