Son estados de ánimo de los seres humanos, que se encuentran en la propia naturaleza y aparecen en la mente cuando las personas tienen que resolver diferentes situaciones de la vida personal, familiar y social.

Lo importante es cómo internaliza, maneja, canaliza estas experiencias y busca las soluciones, porque el no solucionarlas incrementa la preocupación y ansiedad y algunas veces las trasladan a terceras personas, no han aprendido a valerse por sí mismos, sino siempre están buscando que le resuelvan las cosas y esa conducta no debe ser admitida.

Desde la infancia, hay que observar a los niños, cómo se van desenvolviendo de acuerdo a sus edades y la persona adulta va detectando dónde hay que corregir, reforzar, motivar, para que logren ser independientes y el día de mañana no necesite la aprobación de los demás para tomar decisiones, qué talentos, dones, habilidades, creatividad, iniciativa, van desarrollando. Inclusive se va perfilando un pronóstico del niño o de la niña si son susceptibles, nerviosos, que pueden inhibirse por falta de seguridad, hay que ayudarlos para que liberen sus preocupaciones y ansiedades.

Conocí el caso de un niño, en la escuela, que era muy nervioso, tímido, inseguro, tics nerviosos con problemas de lenguaje. Los padres, sobreprotectores, quizás por las dificultades que presentaba el niño, preocupación y ansiedad, los alumnos del aula y del colegio se burlaban con el consentimiento de los profesores, especialmente del maestro del aula, que, en lugar de ayudarlo, lo hundía, en tristeza, desolación, angustia, llanto, sin un ápice de humanidad, lo retiraba de la clase y lo internaba en el depósito de los vigilantes para que no siguiera llorando y sucedía todo lo contrario, se agudizaba su crisis, al punto que lo tuvieron de cambiar de colegio.

Después de muchos años, nos encontramos en una reunión de amigos en común, había cambiado bastante para bien, me dio mucho gusto, no conversamos nada del pasado porque no era oportuno.

Después de muchos años, cuando era una persona adulta, en la mesa salió a relucir aquel profesor que tanto le había hecho daño a la persona en comento, resulta que era médico, pobres los pacientes, a cuántos habrá diagnosticado equivocadamente, la vida de un médico es salvar vidas y la de un maestro, iluminar el camino del alumno para que encuentre la luz. Pero este sujeto no tenía ninguna condición humana, menos de admiración y mucho menos seguir el ejemplo.

La vida siempre me ha permitido de rodearme con seres humanos preocupados y ansiosos, por el deseo de ser escuchados, observados, tenidos en cuenta, que les sugiera alternativas de solución en la vida, que no eran necesariamente materiales sino emocionales, como conversar.

Es tan importante hablar, más aún, los que no tienen voz o a través de su lenguaje gestual, expresaban muchas cosas, como los bebés si tienen hambre, frío, calor, sentirse queridos, importantes.

Recuerdo que realicé el internado de psicología en un nosocomio de salud mental, en el pabellón de retraso mental, los pacientes no podían expresarse, pero sí gritar, reírse, engreírse, inclusive cuando terminaba el servicio y los veías al día siguiente, se ponían muy contentos.

Había una pareja de pacientes que siempre estaban juntos, eran inseparables, decía, esta relación es un loco amor, en el buen sentido de la palabra, no pueden hablar, pero necesitan cariño, ser vistos, escuchados en su media lengua, sentir la compañía de la otra persona y eran felices.

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