Queridos hermanos:

Estamos ante el Primer Domingo de Adviento. Empezamos un año nuevo en la vida litúrgica. ¡Año nuevo, vida nueva! Este acontecimiento nos invita a esperar en Dios.

La Primera Lectura es del libro del profeta Isaías y dice: “Tú, Señor, eres nuestro padre, tu nombre de siempre es ‘Nuestro redentor’”. Es decir, el Señor es quien nos rescata, quien nos salva. Dios quiere destruir nuestro corazón endurecido, insensible, producto del amor al dinero. Dios nos invita con estas palabras a esperar el nacimiento de Jesús en nuestro corazón, en nuestra familia, para podernos amar. No olvidemos que nosotros somos la arcilla y Él es el alfarero. Somos todos obras de las manos de Dios. En esta pandemia hemos podido contemplar que todos somos pecadores, sin embargo, el Señor es quien ha diseñado nuestra historia que es historia de salvación para que seamos alegres y felices, porque el Señor viene ya, y nos salvará. Estemos alegres por el próximo nacimiento del Mesías que se acerca y quiere rescatarnos de la dictadura del faraón, que es el demonio, de la dictadura del relativismo y la indiferencia.

Por eso contestamos con el Salmo 79: “Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve. Despierta tu poder y ven a salvarnos.”. El Señor nos viene a salvar de nuestra incapacidad e impotencia para amar, que constatamos todos los días al convivir con el otro. Dios de los ejércitos, vuélvete: ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó, y que tú hiciste vigorosa. Danos vida, para que invoquemos tu nombre”. Pidámosle al Señor que nos conceda su gracia para poder rezar, acercarnos a Dios. Esa es la felicidad.

La Segunda Lectura es de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios: “La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo sean con vosotros. Pues por él habéis sido enriquecidos en todo”. Hemos sido enriquecidos en poder transfigurarnos en Dios. Por eso los sacramentos y la Palabra de Dios son el alimento de nuestra fe. “Aguardamos la manifestación de nuestro Señor Jesucristo. Él nos mantendrá firmes hasta el final”. Esto es lo que nos ofrece el cristianismo.

En el aleluya este domingo cantamos: “Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación”.

El Evangelio de este domingo es de San Marcos nos invita a estar alegres: “Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento en que vendrá el Hijo del hombre”. Dios ha llamado a algunos hermanos nuestros en este tiempo de pandemia y no lo tenían pensado. Por eso estemos preparados porque lo mejor es vivir en Dios. De eso se trata este tiempo de Adviento, de prepararnos al nacimiento de Jesús. “Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos”. Este “estar dormidos” significa vivir en nuestra instalación, en nuestra burguesía, en nuestros pecados. “Dormir” en el evangelio es no amar ni a Dios ni al prójimo. Por eso el Evangelio termina diciéndonos que velemos, es decir que recemos. Los invito queridos hermanos a que se acerquen a la Parroquia a rezar, las Laudes, las Vísperas; la oración de la Iglesia que tiene el poder de transformar nuestra debilidad en alegría porque el Señor viene ya. ¡Ánimo hermanos! Que la bendición de Dios esté con ustedes.

Obispo emérito del Callao