En muy pocos días el país atravesó por una crisis política muy severa que nunca antes se había visto, a tal punto que en tan sólo una semana tuvimos dos presidentes de la República, sucediéndose el uno al otro, por suerte, en estricto apego a lo que manda la Constitución Política del Perú y sin que se altere el orden constitucional. Y en lo que va de este período presidencial de cinco años ya van cuatro presidentes los que se suceden desde que fue elegido Pedro Pablo Kuczynski, pasando por Martín Vizcarra, que fue vacado por el congreso, Manuel Merino y el actual, Francisco Sagasti, quien deberá terminar el mandato en julio del próximo año.

Hemos pasado por unos días de mucho movimiento social en las principales ciudades del país, protagonizadas, principalmente, por masas compactas de jóvenes que salieron a las calles y plazas a protestar contra lo que ellos consideran la vieja clase política con toda su secuela de malas prácticas en la gestión y otros vicios que no están dispuestos a seguir permitiendo que existan.

Los medios de información dieron cuenta de la presencia de estos nuevos rostros que dicen no tener líderes que los representen, porque no desean exaltar individualidades. Son jóvenes, hombres y mujeres, que se definen como parte de un movimiento que tiene muchas voces, todas ellas, de descontento y mucha desconfianza política para con lo pasado. Sus respuestas a por qué salen a las calles son múltiples y parecieran poco precisas. Sin embargo, en lo que sí se mantienen sólidamente unidos y bastante claros es cuando expresan su rechazo a la corrupción reaccionando, por cierto, contra los políticos que la encarnan.

Estas marchas no han sido como las que tradicionalmente se realizaban que nacían convocadas por los partidos políticos o sus líderes más visibles. Ahora se movilizan con sólo estar conectados a sus redes sociales y en tiempo real. Las nuevas herramientas de la tecnología digital han sustituido a los altoparlantes que solían recorrer las calles anunciando las concentraciones políticas.

A diferencia de otras ciudades importantes del país, en Lima los hechos sí se dieron con mayor intensidad y violencia, al extremo de dejar como saldo dos vidas jóvenes truncadas. Las investigaciones abiertas sobre estos hechos deberán continuar hasta identificar plenamente a los responsables de las muertes y sancionarlos con todo rigor y el peso de la ley. Y en este contexto es que se produjo la renuncia de Merino a la presidencia de la República y a la directiva del congreso, dando paso a la elección de una nueva directiva con Sagasti a la cabeza y que, finalmente, éste asumiera el mandato presidencial, según lo establecido por la Constitución Política del país.

Toca ahora a las autoridades del gobierno, así como a los parlamentarios tan zarandeados por los jóvenes, ponerse a la altura de las circunstancia y cumplir con las expectativas de la ciudadanía y, de manera especial, con las de estas nuevas masas juveniles que han anunciado estar vigilantes de lo que hagan los políticos o dejen de hacer, pero eso si deben respetar las ideas ajenas dejando de ir a las casas de quienes no comulgan con ellos, de lo contrario nos vamos a convertir en una sociedad del pensamiento único, inaceptable en un país donde debe primar la libre discusión de las ideas.

Es una verdad de Perogrullo decir que no sólo la pandemia que nos mantiene en zozobra ya nueve meses, sino la preocupante situación económica del país requieren de la máxima atención de las nuevas autoridades. La población ocupada ha disminuido en un 17% en el país, los centros de trabajo tienen que ser reactivados, y hay necesidad de devolver la confianza a la población. Menudo trabajo el que espera. Dependerá de cómo se encare todo ello dentro de un marco de total transparencia.

Juez Supremo