Pongamos las cosas en perspectiva. Uno de los artífices del triunfo del comunismo en las elecciones es Francisco Sagasti, gracias a su actuar remilgado, hipócrita, sesgado; a su conducta cómplice hacia la candidatura de Castillo; a su empecinada oposición a solicitar una auditoría electoral a la OEA. Más aún. El 28 de julio pretendió realizar una de sus acostumbradas parodias de figuración llevando dramáticamente al Parlamento el fajín presidencial para entregárselo él a Castillo. Fracasó. Sin embargo este sujeto –que sólo ha ejercido siete meses el encargo presidencial– ha tenido el cuajo de exigirle al Congreso que, fuera de recibir el sueldo como presidente de la República en calidad de pensión vitalicia –y de la pensión permanente que recibirá como exlegislador– le concedan ”los beneficios de seguro médico y una persona asignada en la modalidad de CAS”. Este sinvergüenza tiene la petulancia de pedir prebendas que pagará usted, amable lector, pese a haber sido un mamarracho como encargado de la presidencia y un cómplice manifiesto de la victoria electoral del comunismo.

Otrosí. “Castillo y Bellido generan caída histórica del sol”, titulaba ayer en portada El Comercio, diario artífice del éxito de Castillo y culpable directo de que el terrorismo y el leninismo se hayan apoderado del Perú. El Comercio lo promovió con sus auspicios desde el inicio de su campaña electoral, transformados luego en medias tintas, para finalizar criticándolo una vez instalado Castillo en palacio y el pro senderista Bellido ya nombrado premier. El plañiderismo de este medio manejado por una miserable mafia caviar –que ha vivido de la ubre del Estado democrático– simplemente no tiene perdón.

Durante dos décadas los caviares sólo apuntaron a aniquilar al fujimorismo, mientras pactaban corruptelas –Graña/Odebrecht– que luego enjuagaban con algunos fiscales. Asimismo recibían millones de soles anuales vía publicidad estatal, y/o compartían ricas consultorías con sujetos cómplices, a quienes hacían vivir como millonarios con dinero del Estado. Además, practicaron la compra de conciencias de autoridades del JNE, TC, Ministerio Público, PJ, JNJ, elemental para validar esta elección dolosa. En realidad el odio visceral infundido por los caviares a una sociedad polarizada por ellos mismos, fue determinante para el triunfo a Castillo.

Hoy no se trata de dársela de sorprendidos porque el ex secretario de conare-sutep –versión sindical de sendero luminoso– ocupe la presidencia de la República; o porque un defensor de terroristas sea el primer ministro; o porque Vladimir Cerrón, quien se proclama marxista, leninista, comunista, mariateguista sea quien corta el jamón en el gobierno de Perú Libre. Estuvo clarísimo desde que Castillo ganó sospechosamente la primera vuelta. Lo que ocurre es que tanto Sagasti como El Comercio –y un ejército de ganapanes caviares que secuestraron nuestro Estado, desde tiempos del corrompido Toledo– quisieron también secuestrar a Castillo. El comunismo no se lo permitió. Pues recién allí –tras la designación de Bellido– estos miserables antiperuanos se volcaron a atacar al régimen comunista. ¡Tarde piache! La historia juzgará con justificada dureza a estos traidores, por el incuantificable daño que le han producido a nuestra nación.