La pérdida de bosques en nuestra Amazonía genera tristeza y revela que aún falta trabajar este sector. Durante el periodo de aislamiento social que vivió el país, se ha revelado que se perdieron 7,119 hectáreas de bosques, que fueron simplemente deforestados por ilegales.

Este tema, que data de años atrás, viene afectando a la Amazonía, cuyos bosques son la fuente de oxígeno del planeta. Junto a ello, al perderse la cubierta arbórea, se obliga a que las comunidades indígenas que habitan esas zonas no puedan vivir y conseguir sus alimentos. Según investigaciones cerca de 500 millones de personas viven y dependen de los bosques en el mundo. Y quizás sean estos grupos, la clave para gestionar de manera sostenible los bosques y también sus guardianes.

A pesar del monitoreo satelital que se realiza sobre los bosques, la tala ilegal continúa y según un estudio recientemente difundido por Global Forest Watch, el Perú es el quinto país con mayor deforestación en el mundo y el tercero en la región.

Cabe recordar que los bosques no desaparecen solos, atrás existe una demanda. Es así que el 40% de la deforestación global está impulsada por productos como la carne de vaca, los cultivos de soja, el aceite de palma, el papel, la energía y la búsqueda de minerales. Los especialistas afirman que una producción más sostenible de estos productos contribuiría a conservar los bosques y mitigar el cambio climático.

Junto a ello, la política juega un rol importante en el manejo de los bosques y su vigilancia. Sin embargo, en la reciente presentación del ex premier Cateriano, el tema ambiental pasó inadvertido y el tema forestal tuvo un pequeño porcentaje en su exposición. Aunque informó sobre la ejecución de un programa de inversión en el sector forestal por más de 400 millones de soles, el cual permitirá la generación de 56 mil nuevos empleos directos e indirectos, no especificó para qué regiones y cuándo ocurriría.

Habló también de inversión privada por 500 millones de dólares, en los próximos cinco años. Pero de qué manera será esta inversión, en reforestaciones, apoyo a las comunidades nativas, todo es aún una interrogante. El ex premier de alguna manera reconoció este flagelo y mencionó la “trazabilidad de la madera”, es decir su seguimiento, sin explicar qué se hace al respecto con la madera ilegal que se encuentra o se detiene en operativos. No se habló de un incremento del presupuesto para evitar la tala ilegal, entre otros.

Mientras tanto, los bosques siguen a merced de lo ilegal, pese a los anuncios de positivismo del gobierno que en Ucayali se registró una mayor reducción del índice de deforestación durante el estado de emergencia, con un total de 967 hectáreas taladas a diferencia de las más de 2 mil del año pasado, un 52.1 % menos. Habrá que esperar a tener una política más eficiente para la Amazonía antes del Bicentenario.